Cerería Diéguez alumbra una vela para conmemorar el centenario de Pontecesures.

Cuatro generaciones de la misma familia han mantenido el negocio desde 1844
Una materia prima dúctil, informe, que se trabaja para ser introducida en un molde en el que ganará consistencia y una figura definida. Existe un poso filosófico en el oficio de cerero. Hay algo de platónico en todo esto, algo de demiúrgico que es fácil percibir al conversar con Joaquín Diéguez, el hombre en el que se encarna la cuarta generación al frente de la cerería que lleva su apellido. Enclavado en la calle Víctor García, en Pontecesures, el negocio fue fundado por su bisabuelo José Diéguez Sueiro en 1844, cuando el municipio del Baixo Ulla era todavía un barrio de Valga. El más importante, probablemente, cuyo dinamismo alimentaba entonces un puerto de primer nivel, capaz de competir con el de O Carril a la hora de atraer la línea que inauguró la era del ferrocarril en Galicia. Nada más natural que el hecho de que la familia Diéguez se sume ahora a la celebración del centenario de Cesures, desgajada del concello matriz en 1925, con lo que mejor sabe hacer: una hermosa vela conmemorativa.
«La vela tiene la forma de una esfera hueca. Es una vela fanal en cuyo interior hay otra vela de cera refinada, que es la que se enciende, para que el conjunto pueda perdurar en el tiempo. Una vela decorativa, muy usable, que durará años si no se rompe, no la típica figurita que cae en el olvido», explica Joaquín. Quien desee adquirirla puede dirigirse a la librería Cativos, donde encontrará varios tamaños a elegir.
Aquel bisabuelo era un hombre emprendedor. De su mano surgió también Cerámica Celta, que heredaría otra línea de la familia. La fábrica original que él levantó fue sustituida en 1940 por la factoría que hoy continúa activa. Fue Luis Diéguez, abuelo de Joaquín, quien la construyó. Sin abandonar la manera tradicional de hacer las cosas, pero orientándola hacia una producción de corte profesional. «La pieza central es un noque con dos ruedas y 16 tablillas que aún utilizamos. Los cereros, entonces, se dedicaban a los exvotos y a las velas de mano. Pero aquí se trabajaba ya con candelabros, con velas de mano, con bujías de apagón. Y en decoración fueron pioneros».
Joaquín conserva aquel saber hacer, que dirige hacia los gustos y demandas actuales, diversificando una gama de productos que comercializa la Cerería San Román, en Pontevedra: «Nuestros materiales son parafinas y ceras naturales diversas, soja, palma o carnauba. Es un abanico muy amplio, en el que solo trabajamos con lo mejor».

Un verdadero museo. La vela del centenario será presentada el sábado, a las cinco de la tarde, en la propia cerería. Quienes asistan al acto podrán conocer piezas como su noque central o exvotos que suman más de cien años. Joaquín piensa, con razón, que si sus hijas no dan continuidad directa al negocio este podría ser transformado en un museo. Situado, además, en pleno Camino Portugués.
La Voz de Galicia
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