El legado del Capitán Pirata: 30.000 churros y 6.000 tazas de chocolate para inaugurar en Pontecesures el calendario de fiestas gastronómicas.

La Festa do Churro se celebra desde hace unos años el día del patrón, San Xulián.
El 7 de enero, con la digestión del roscón de Reyes a medio hacer, la localidad aprovecha el día de su patrón para rendir tributo a un producto muy arraigado en la localidad gracias a una amplia estirpe iniciada hace un siglo por Ángel Doce
El churro debería estar considerado como uno de los grandes misterios de la humanidad. Un puñado de ingredientes comunes —podría decirse incluso que anodinos, insulsos, aburridos— se mezclan y se convierten en un dulce sabroso, capaz de hacer las delicias de gente de todas las edades. En esa transformación poco tiene que ver la magia y mucho, sin embargo, la experiencia de profesionales que saben de proporciones, de temperaturas y hasta de grados de humedad. En Pontecesures, una pequeña localidad del Baixo Ulla, abundan las personas que conocen las claves para elaborar buenos churros: once familias de la localidad, la mayor parte de ellas pertenecientes a un mismo «clan», se dedican a un oficio que los lleva a recorrer Galicia, convirtiéndolos en embajadores de su pueblo allá donde van. Para rendir homenaje a estas personas, herederas de la tradición iniciada hace casi cien años por Ángel Doce, también conocido como «Capitán Pirata», hace años se comenzó a organizar una Festa do Churro que se hacía coincidir con la celebración del Carmen. Pero desde hace un par de años, el evento se trasladó al 7 de enero. Así que este miércoles, a partir de las seis de la tarde, en A Plazuela, se desarrollará la primera fiesta gastronómica del año en la orilla sur de la ría de Arousa. Once puestos de churros y una chocolatería se las arreglarán para repartir más de 30.000 de estos dulces bocados y unas 6.000 tazas de chocolate caliente.
Lauro Jamardo, uno de los churreros que participa en la celebración, destaca que todo el producto que se va a repartir será elaborado con mimo, con ese cuidado exquisito que los auténticos profesionales ponen en todo aquello que hacen. Los churros, serán elaborados utilizando materias primas de primera calidad, en el punto de humedad exacto, en la temperatura justa. Y el chocolate se preparará sin escatimar tiempo, dándole todo el que necesita para convertir ese brebaje en un bebedizo incomparable. Parecen dos buenos motivos para visitar Pontecesures este 7 de enero.

El churrero que repartía sus dulces subido a una bicicleta
Es improbable que, cuando Ángel Doce decidió echar el pie a tierra hace casi cien años, se imaginase que aquella decisión suya iba a tener una gran trascendencia en la historia de Pontecesures. El hombre había sido, durante años, marino. Pero un día se cansó y decidió quedarse en tierra. Tenía que ganarse la vida, claro, y decidió hacerlo elaborando y vendiendo churros.
Bautizado como Capitán Pirata por los años pasados en el mar y por las aventuras que contaba, Doce se convirtió en una figura conocida y querida en toda la zona. Lauro Jamardo, uno de sus descendientes, regenta junto a su mujer, Sandra, una churrería. «Moitas veces, sobre todo cando vamos a zonas do interior, aínda hai vellos que recordan ao meu avó». Lo reconocen en las fotos en blanco y negro que decoran el puesto móvil de Lauro, que se ha convertido en una suerte de homenaje sobre ruedas a la tradición de su familia.
Ángel Doce, recuerdan sus familiares, se subía a la bicicleta para repartir los churros. Y si no podía llegar en bici hasta su cliente, no importaba: se colgaba una bandeja al cuello y echaba a andar. Su talento para la venta era evidente, pero su maña a la hora de elaborar el dulce quedaba patente cada vez que alguien saboreaba uno de sus churros. Conocía todos los secretos: la importancia del tipo de harina, de almacenar con cuidado la materia prima, de vigilar la humedad de los ingredientes, de filtrar bien el aceite…
Su talento convirtió a Doce en el fundador de una auténtica saga de churreros y churreras que hacen honor al buen nombre heredado, tanto en Pontecesures como en cualquier lugar del territorio gallego. Ese es el dulce legado del Capitán Pirata que llena de orgullo a todo un pueblo.
La Voz de Galicia
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