El cuerpo del hombre hallado dentro de un coche en Padrón no tenía signos de violencia.

La persona encontrada sin vida en el interior de un vehículo estacionado en un arcén de la carretera N-550 en Pazos, en el municipio de Padrón, es un vecino de Silleda, J.M.F.L., de 43 años, soltero y que vivía con su padre. En espera del resultado de la autopsia, la principal hipótesis es que la muerte pudo producirse por causas naturales, ya que el cuerpo no tenía señales de violencia.

Fue una persona del núcleo de Anteportas, en Pazos, la que sobre las diez y cuarto de la noche del lunes llamó a la Policía Local de Padrón para informar de que un vehículo llevaba varios días estacionado en el mismo sitio de la N-550 y que en el interior había un hombre recostado.

La Policía Local se desplazó hasta el lugar y comprobó que el hombre estaba muerto, antes de dar aviso a la Guardia Civil.

Al parecer, según explicó la familia del fallecido a la Guardia Civil, el hombre aprovechó el ingreso de su padre en el hospital Clínico de Santiago para coger el coche y el teléfono móvil de su progenitor y marcharse, supuestamente en dirección a Pontevedra. En ese trayecto, estacionó su vehículo a un lado de la vía N-550 a la altura de Pazos, en Padrón, donde estuvo dos días sin que nadie se percatara de su presencia, quizás porque estaba recostado dentro del coche.

El cuerpo ya presentaba signos de descomposición y fue levantado sobre la una y media de la madrugada de ayer, después de que fueran avisados el forense y la jueza de guardia, que era la del Juzgado número 2 de Padrón.

La familia de J.M.F.L. presentó denuncia por la desaparición del hombre el pasado domingo, alertando de su marcha voluntaria y manifestando que faltaba de casa desde la noche del día 26.

En la Guardia Civil de Lalín, la noticia de la aparición del cuerpo de este vecino de Silleda les fue comunicada en la mañana de ayer. Los agentes contactaron con la familia, que manifestó que el hombre estaba a tratamiento médico y al parecer sufría algunos problemas derivados de una drogodependencia.

La Voz de Galicia

Hallan el cadáver de un hombre en un coche aparcado en la carretera N-550 en Padrón.

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Guardias civiles junto al turismo, cuyo parabrisas está cubierto para ocultar el cuerpo.

Un juzgado de Padrón investiga las circunstancias de la muerte de un hombre cuyo cadáver fue hallado ayer por la noche dentro de un automóvil estacionado en el arcén de la carretera N-550, en Pazos, cerca de Iria Flavia.

El cuerpo fue encontrado poco antes de las diez de la noche por vecinos de esta parroquia de Padrón, que alertaron a la Policía Local y a la Guardia Civil. El cuerpo de un hombre de algo más de 40 años de edad y cuya identidad no ha trascendido se encontraba en uno de los asientos delanteros del turismo Audi con placas de matrícula 1934-CYX. El coche estaba estacionado en sentido de circulación Santiago-Padrón y podría haber permanecido en ese lugar desde la madrugada del pasado sábado sin que nadie se hubiese percatado de la existencia del cadáver pese a que ese tramo de la N-550 registra una alta intensidad de tráfico.

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La pasada medianoche se esperaba en el lugar la presencia de responsables judiciales para realizar el levantamiento del cadáver. A falta de versiones oficiales sobre lo que pudo suceder, los residentes en la zona comentaron que hacia las cinco de la madrugada del sábado pudo producirse una discusión entre dos hombres junto al coche. Otros apuntaban que podría tratarse de un vecino de un municipio del norte de la provincia de Pontevedra que estaba desaparecido desde el sábado.

La Voz de Galicia

 

Beatriz Longo Piñeiro, cesureña: «Nos silban al entrar en las fábricas».

Dos ingenieras ambientales nos cuentan sus aventuras durante su jornada laboral

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Luz -izq- y Beatriz sorprenden diariamente a clientes y encargados de negocios industriales.

Una joven alta, morena y guapa entra en una fábrica llena de hombres. Junto a ella camina una rubia de su misma edad y atractivo físico. Los trabajadores de la empresa empiezan a silbarles y a ofrecerles ayuda para subir las escaleras que conducen a las oficinas de la planta superior, donde se encuentra el responsable. Cuando entran en ellas, les espera el encargado. Querían exponerle el ahorro que supondría la sustitución del sistema eléctrico actual por uno con bombillas led. Son dos ingenieras -Luz Lavía Buceta, licenciada superior de Montes, y Beatriz Longo Piñeiro, de Forestais; ambas estudiaron en Pontevedra- que acaban de poner en marcha su propia empresa, E-natura Ingeniería.

Tras la acogida de los trabajadores de la planta, el jefe las recibe casi entre risas. Hacen acopio de la profesionalidad que las avala y le explican su objetivo. «Vale, hacedlo si queréis», les dice. «¿Si queremos?», se preguntan sin salir de su asombro.

A pesar de contar con tan solo 28 años de edad, Luz, pontevedresa, tiene ya un importante bagaje en mundos de hombres. Hace unos años fue jefa de una brigada forestal durante una campaña de incendios. Tenía cuatro hombres a su cargo que no se lo pusieron fácil. «Yo les decía que tenían que hacer algo, y veía como los cuatro iban justo en dirección contraria», cuenta. Se lo toma con humor, porque es consciente de que hay cosas que requieren de cierto tiempo. «Ahora, si tengo que silbarle a alguien, le silbo, advierto», bromea.

«Cuando vamos a presentarnos hay mucho macho español», reconoce, e incluso en alguna ocasión fue al revés: la primera vez que fueron a hacer una medición a una finca privada les recibió una mujer mayor que no entendía cómo «sendo unhas nenas», eran ingenieras. Su sorpresa fue mayúscula cuando las vio cargar con los instrumentos de topografía. Lo curioso es que la nieta de la mujer había sido compañera suya de facultad.

También ríe cuando admite cómo tanto ella como Beatriz, de Pontecesures, eligen su vestuario en función del día que tengan por delante. Igual que todo el mundo, solo que en su caso depende del número de silbidos que vayan a recibir. «Si vamos a ir a alguna fábrica o a alguna obra, nos ponemos unos vaqueros y una americana, nada muy femenino; si sabemos que vamos a estar en la oficina, nos arreglamos un poco más o nos ponemos una falda, sobre todo ahora en verano, cuando el calor es insoportable», asegura. «¿Te puedes creer que yo, hasta ahora, no tenía ninguna americana?», pregunta Luz, divertida.

Después de un año de experiencias varias están más acostumbradas a las caras de clientela y encargados cada vez que entran en una ferretería o un almacén industrial para ir a comprar bombillas u otras herramientas. «Si lo piensas fríamente, lo cierto es que no pegamos nada allí», confiesa Bea. Lo único a lo que no terminan de acostumbrarse -y difícilmente lo harán- es a otras estrategias: «A veces nos piden un estudio, lo rechazan y se lo dan a un electricista hombre, por detrás, para que lo haga. Nos damos cuenta pero, ¿qué vas a decirle?», lamenta Luz.

Una señora, con cuya nieta estudiaron, dudaba de que fuesen ingenieras.

La Voz de Galicia