En Pontecesures se reciclaron en 2019 un total de 155.000 kilos de vidrio.

A Estrada y Lalín lideraron el año pasado el reciclaje de vidrio en las comarcas de Deza, Tabeirós y Caldas, ya que respresentan el 55 por ciento del total de kilos recogidos en el conjunto de los diez municipios pontevedreses de Área de Compostela. En estas comarcas se reciclaron en 2019 un total de 1.786.780 kilos de recipientes de vidrio, un 10 por ciento más que en el ejercicio anterior, 2018, cuando se recogieron 1.625.833 kilos. Por su parte, Caldas es el concello que encabeza el depósito de vidrio por habitante y Moraña el número de kilos que recicla cada vecino en estas comarcas.

Así, y según los datos hechos públicos por Ecovidrio correspondiente a 2019, la concienciación sobre la necesidad de reciclar y depositar cada residuo en el contenedor adecuado está dando resultados muy positivos en A Estrada desde 2015. Los estradenses depositaron el año pasado en sus 129 contenedores un total de 448. 430 kilos de vidrio, el 26 % del total del recogido en las comarcas de referencia. Esto supone un crecimiento del 6 % con respeto a 2018 cuando se reciclaron 422.698 kilos.

Por volumen de recogida le sigue Lalín, con 400.780 kilos, frente a los 378.616 de 2018; Silleda, con 186.670, lo que supone 8.421 más que un año antes; Caldas, que llegó a los 185.00 200 kg frente a los 168.046 de 2018; Pontececures, con 155.000 (47.000 más); Cuntis recogió 123.330 (2.158 más); Valga que alcanzó los 93.100 (653 más); Moraña, con 92.360 (15.878 más); Catoira logró 57.690 kilos (1.941 más) y Portas, con 44.720 kilos con lo que aumentó en 10.340 kilos. Hay que señalar que en los diez municipios pontevedreses hay repartidos 758 contenedores de recogida de vidrio, un 2,3% más que en 2018 cuando había 739.


MEDIA POR HABITANTE Los ciudadanos que cuentan con más depósitos para poder realizar este reciclaje son los de Caldas, ya que tienen un total de 120, lo que equivale a un contenedor por cada 81,5 ciudadanos. En esta estadística le sigue Silleda, con 103 colectores y una media de 84,3 habitantes por cada uno; Cuntis, con 48 y 97,4; Lalín, que tiene 186, 108,6; Valga, con 48 y 122,2; Catoria, 27 y 123,5; Pontecesures, 46 y 138,7; Portas, con 21 y 139,2; Moraña, 30 y 139,3, y A Estrada, con 129 y un contenedor por cada 158,7 habitantes.

Por su parte, los vecinos y vecinas de Cuntis son los que más kilos de vidrio depositaron el año pasado, ya que se recogieron 26,3 kg por habitante en este municipio. La segunda posición la ocupa Moraña, con 22,10 kilos; A Estrada, que llega a los 21,89 por vecino; Silleda, con 21,48; Lalín con 19,8; Caldas de Reis, con 18,9; Pontecesures con 17,4; Catoira con 17,2; Valga, con 15,86 y Portas, donde se reciclaron 15,2 kilos por cada habitante.

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Invertir para concienciar

Está claro que la dispersión de la población en los ayuntamientos más interiores hace que muchas zonas del rural sufran de forma continuada la brecha de no contar con los mismos servicios que el resto de la ciudadanía, pero si de verdad interesa concienciar con el respeto al medio, y más nos vale con la que está cayendo, no puede haber habitantes de primera, segunda y tercera. Las campañas que desarrollan los concellos están bien y forman parte de la concienciación, pero difícilmente quien toma conciencia puede cumplir con el objetivo de reciclar si no cuenta con la infraestructura necesaria para ello. Más contenedores por favor.

El Correo Gallego

Quién soluciona las dudas en las distancias cortas: «Alcalde, ¿podo ir ata a finca?».

Aún hay dudas sobre el confinamiento, y en Pontecesures es el regidor quien resuelve buena parte de ellas.

«Somos como un teléfono de la esperanza», dice con una máscara de buen humor un policía local de la comarca de O Salnés. Y es que desde que se decretó el estado de alarma, son muchos los vecinos que se dirigen a los agentes para preguntar si pueden hace esto o lo otro. Para explicarles sus casos particulares, para narrarles la historia del gallinero que está a varios kilómetros de casa, o de la finca en la que la verdura se acabará echando a perder si no se va a recoger pronto. «Son muchísimas las llamadas de ese estilo las que recibimos», dicen los agentes. En ayuntamientos más pequeños, ese papel de resolvedor de dudas lo suele acabar desempeñando el alcalde. Ocurre así, por ejemplo, en Pontecesures. «Descubrín que hai unha chea de xente que ten o meu número de teléfono, e cada día recibo ducias de chamadas de xente que me di, ‘alcalde, podo ir ata a finca?’, ‘podo ir botarlle de comer aos animais?’, ‘podo ir poñer patacas’».

El número de ejemplos es enorme. A fin de cuentas, Pontecesures es una pequeña ciudad con alma rural. Buena parte de sus habitantes residen en el casco urbano, pero mantienen la costumbre de ir a trabajar las fincas que se diseminan alrededor del puñado de calles que da forma al pueblo. La respuesta del alcalde suele estar llena de matices. «O primeiro que lles pregunto é se é imprescindible o que di que ten que facer. Se é realmente necesario, porque estamos nun estado de alarma e isto non é unha broma», explica el regidor.

En Pontecesures, donde la Guardia Civil hace controles diarios para disuadir a quienes tienen ganas de saltarse la orden de confinamiento, se han tramitado ya seis expedientes contra personas que han hecho, precisamente, eso: salir a la calle sin razón justificada. «Temos dende xente de Santiago que veu de visita a Pontecesures para pasar o rato, ata xente que sae á rúa, presumiblemente para traficar con sustancias ilegais».

No deberían tomarse a broma ni la orden de confinamiento ni el riesgo que corren al saltársela: un vilagarciano ha sido condenado a cien días de cárcel por hacerlo.

La Voz de Galicia

Cae la pesca de lamprea por la falta de venta y el cierre de restaurantes.

Algunos valeiros del Ulla abandonaron, un mes antes del cierre, la que se esperaba como una de las grandes campañas de los últimos años // Las capturas ya están prohibidas desde principios de mes para las pesqueiras artesanales.

Tras los dos primeros meses en que se presagiaba que iba a ser una de las mejores campañas de los últimos años por la abundancia de capturas, la pesca de la lamprea en el Ulla también se ha visto arrastrada por la crisis sanitaria. Aunque algunos valeiros siguen soltando sus nasas en el río, la escasa venta, tras el cierre de plazas y restaurantes, hace que algunas embarcaciones, como las de Rianxo, hayan dado ya por terminada una temporada que, además, quedó prohibida a principios de este mes para las pesqueiras artesanales.

Hasta una media de once embarcaciones de las cofradías de Carril y Rianxo han estado faenando desde que se abrió la campaña, a principios de enero. La temporada de pesca de la lamprea en el Ulla se abría oficialmente el día 2 y finalizará a mediados de abril. Los valeiros vivieron un arranque exitoso con las decenas de piezas capturadas en sus nasas de butrón en las primeras jornadas. Los primeros ejemplares del preciado y gelatinoso pez llegaban desde el principio al puerto de Pontecesures para pasar los controles rutinarios de peso y empezar a negociar su venta con los dueños de los restaurantes.

La satisfacción se podía apreciar hablando con dos de los pescadores, los hermanos Miguel y José Manuel Barreiro Blanco, que el primer día capturaron en las lanchas con las que faenan 14 y 15 lampreas, respectivamente. “Las siete embarcaciones hemos cogido piezas y de buen tamaño”, explicaba a este diario Miguel, que se congratulaba de lo lleno que iba el río, lo que predecía que este año la pesca iba a ser cuantiosa. La abundancia, en esta ocasión, no ha facilitado que se paguen cifras astronómicas por los primeros ejemplares como otros años, en los que se han llegado a abonar hasta 150 euros por una pieza. Y las primeras se han pagado a 50 y 40 euros.

Pero ya desde finales de febrero, cuando todavía quedaban cerca de dos meses para el cierre de la campaña, los buenos presagios se han ido disipando, y ahora hay preocupación. “Quedamos seis ou sete barcos. O mercado está como está e vendemos o peixe a contagotas, e moitas veces a particulares”, explica Antonio Pesado, uno de los valeiros de Pontecesures. Quienes ya no pueden capturar más lamprea son los de la pesca artesanal en las pesqueiras del río Ulla a su paso por Padrón y Teo, algo de lo que no hablan abiertamente pero que sí satisface a los valeiros, que ven una competencia muy desleal en esa captura.

Precisamente la lamprea iba a ser protagonista este mes de unas jornadas y menús-degustación en los que, con el apoyo del Concello de la villa rosaliana, participaban ocho restaurantes de Padrón. Pero todas las actividades han quedado suspendidas tras decretarse el estado de alarma.

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Manjar en cuarentena

es por esta Época la gran protagonista de jornadas gastronómicas y menús; de esas reuniones de amigos que al menos se ven una vez al año con la excusa de degustar ese manjar que sus paladares no perdonan. Pero este año se ha cruzado en su camino otro bicho, quizá estéticamente igual de feo, pero que no se degusta, causa daño y es letal. Un bicho raro y todavía no muy definido, que nos ha puesto a todos en cuarentena, también a la lamprea; que ha anulado cualquier otro protagonismo a nivel mundial, y que está poniendo a prueba la capacidad del ser humano para hacer frente de modo colectivo a una pandemia mundial.

EL PROTAGONISTA

Antonio Pensado

Valeiro

“A cousa foi a peor e todo está parado”

Antonio Pensado es uno de los valeiros de Pontecesures que lleva toda la vida dedicándose a la misma pesca que ya practicaban su padre y sus abuelos. Él lo sigue intentando, pero le preocupa la situación. “Empezamos moi ben, pero a cousa foise complicando e agora está todo parado. Ademais, levamos dúas semanas sen capturas. A lamprea é así, ben toda xunta e, de repente, pasas días sen nada”, se lamenta el valeiro, que reitera que “en principio foi moi boa para todos, pero non sei como terminaremos a campaña, porque si capturas pero non vendes, telo que tirar. Non é como outros peixes, que os levas á lonxa”, señala.

El Correo Gallego

¡Así non!

Algunhas persoas despois de mercar nos supermercados de Pontecesures nestes días de alarma tiran logo de saír as luvas utilizadas na vía pública.

Isto xa constitúe en si un acto de mala educación xerando un problema de salubridade. Pero é que ademais nestes días pode causar un risco sanitario por razóns obvias. ¡Ollo! os contedores e as papeleiras están case a carón da porta de entrada do supermercado. ¿Actuarán así estas persoas tirando as luvas no chan na súa casa?