La alcaldesa de Pontecesures en la reunión del BNG sobre financiación para las grandes ciudades gallegas.

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La portavoz nacional del BNG, Ana Pontón, y el resto de miembros de la Executiva han reunido este martes a la red de ayuntamientos nacionalistas, que aspiran a ampliar a otros municipios que no estén gobernados por el Bloque (pero sí por otras formaciones nacionalistas o galleguistas), para debatir sobre cuestiones como la financiación local, al respecto de la que ha propuesto una “alianza” de las grandes ciudades gallegas, en el sentido de que reclamen conjuntamente un nuevo estatus para mejorar su dotación económica.

En palabras de la líder del Bloque, las ciudades gallegas están “discriminadas” con respecto a las del resto del Estado que superan los 500.000 habitantes. La “confección de la financiación local discrimina claramente” a las ciudades gallegas, ha asegurado en rueda de prensa Ana Pontón, quien ha apostado por que las urbes se unan para “luchar” por una modificación del reparto de recursos. La formación nacionalista impulsará este debate en el seno de la Federación Galega de Municipios e Provincias (Fegamp), así como también buscará un pronunciamiento a favor del Parlamento de Galicia que abarque la financiación no sólo de las ciudades, sino una mejora para el conjunto de los municipios gallegos sobre la base de las características de dispersión y envejecimiento poblacional.

Europa Press

Extranjeros en la comarca.

Según los datos del censo, Valga es la localidad de la que más extranjeros se han ido (de los 203 registrados en 2010 a los 179 actuales), seguida de Pontecesures (136 frente a 129) y Catoira, donde la cifra se ha movido poco y en sentido contrario: de 91 a 96.

La Voz de Galicia

Alfonso Rueda: “Xa veremos se o PP ten que recuperar a alcaldía de Pontecesures”.

“Xa estamos vendo a situación de desgoberno que hai”, afirmó ayer el presidente provincial del PP, Alfonso Rueda, momento antes de reunirse con los representantes del partido en la comarca Ulla/Umia en Portas. El comentario se refiere al Concello de Pontecesures, que gobiernan BNG y PSOE en minoría desde que los dos ediles de TeGa anunciaron su marcha.
La ruptura se produjo el 20 de enero, y dos días depués el portavoz del PP, Juan Manuel Vidal Seage anunció que en su agenda figuraba iniciar unas negociaciones para poner en marcha una moción de censura.
Poco después, el entonces presidente provincial del partido, Rafael Louzán, afirmó en Pontevedra que el PP estaba atando cabos para presentar mociones de censura en dos municipios. Más tarde se produjo el relevo en el partido de la gaviota y su actual máximo representante, Alfonso Rueda, expuso que propiciar el relevo en las alcaldías no figura entre sus prioridades.
Ayer lo confirmó. Después de subrayar que el PP ganó las elecciones de Pontecesures, afirmó que la “desunión” del Gobierno tripartito quedó de relieve siete meses después de haberse puesto en marcha. “Se xuntaron o resto para que non gobernasemos, e xa se ve a desunión que houbo dende o principio”. Rueda agregó que se “agora o PP ten que recuperar ou non o Goberno, xa o veremos”.
La visita de Rueda a Portas acompañado por el secretario provincial del PP, Cores Tourís, se enmarca en las reuniones informativas posteriores al Congreso provincial. En el encuentro estaba anunciada la presencia de representantes de Caldas, Moraña, Catoira, Valga, Cuntis y Pontecesures.

Diario de Pontevedra

Siete concellos en los que el PP perdió 1.353 votantes.

La última referencia del PP para constatar el respaldo del electorado en el ämbito municipal de la comarca Ulla-Umia son los resultados de las elecciones de mayo de 2015, en las que logró vencer en los concellos de Valga, Portas, Moraña y Cesures, aunque el triunfo no permite gobernar en el último de ellos.
En términos numéricos, el balance no es positivo porque perdió 1.353 votos con respecto a las elecciones que tuvierno lugar cuatro años antes, y el desplome es especialmente significativo en Caldas, donde obtuvo 932 votos menos.
Las subidas de 490 y 99 votos en Portas y Pontecesures, fueron los contrapuntos positivos.

Diario de Poantevedra

Un mal diseño de horarios lastra la utilidad del tren en Arousa y Barbanza.

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El alcalde de Catoira, el socialista Alberto García, aprovechó la fugaz visita que Ana Pastor realizó ayer a esta localidad para trasladarle una petición: que se amplíe el número de trenes que, a lo largo del día, paran en la estación de la villa vikinga. García explica que «en contra de lo esperado, los trenes de proximidad entre Vilagarcía y Santiago no paran en Catoira, como siempre solicitó la comisión en defensa del tren de cercanías donde está integrado este Concello». La decisión, argumenta el alcalde, no responde a ningún tipo de criterio técnico, y su modificación no supondría ampliar más que en unos minutos los tiempos del viaje. El alcalde llama la atención, también, sobre el hecho de que durante las mañanas la estación está desértica. Justo, indica, «en esas horas cruciales para desplazarse los trabajadores y los estudiantes. Un tren de proximidad sin parada durante cuatro horas en Catoira queda muy afectado».

Aunque con más frecuencias y paradas que en Catoira, en Pontecesures también hay problemas con el tren. «Nós o que queremos é recuperar os que daban servizo á xente que vai ou ven a traballar ou estudar», explica la alcaldesa de esta localidad, Cecilia Tarela. La regidora nacionalista indica que hace aproximadamente un año se eliminaron varias frecuencias en esas horas punta. Luis Ángel Sabariz, portavoz de la comisión de cercanías, también reconoce que en los servicios regionales «hay algunas lagunas por la mañana en dirección Vigo», aunque destaca que, pese a ello, siguen ganando usuarios.

Los usuarios

¿Y qué dicen los usuarios de esas «lagunas»? Desde que empezó la convivencia entre los trenes de alta velocidad y los servicios regionales, «puede que las grandes ciudades estén mejor comunicadas, pero por el medio hay mucha gente que, aunque quiera, no puede usar el tren para ir al trabajo», dice Jesús García. ?l trabaja en el Concello de Ribeira pero vive en A Coruña. Lleva años usando el tren -combinado con el coche, claro- pero cada vez Renfe se lo pone «más difícil». En la misma línea se expresa Andrea Serrano, trabajadora del Ayuntamiento de Pontecesures, que antes se bajaba del tren en esta localidad y que ahora debe hacerlo en A Escravitude, en una «estación fantasma» a kilómetros de su destino. Viaja, eso sí, en un rápido Avant. «¿Ahorrar tiempo de viaje? En mi caso, yo no ahorro nada», sentencia.
«Renfe no hace más que ponernos obstáculos»

A Andrea Serrano, Renfe le puso la vida patas arriba hace un año, cuando cambió las frecuencias de sus trenes regionales para acoplarlos a la alta velocidad. «Llevo seis años haciendo el trayecto desde A Coruña -donde vive- a Pontecesures -donde trabaja-», narra. Antes, un tren la dejaba a orillas del Ulla a las ocho menos cinco, justo a tiempo para incorporarse a su puesto de trabajo. Salía también con el tiempo necesario para subirse al convoy en el que hacía el viaje de vuelta. «Y de repente Renfe decidió que iba a quitar frecuencias del servicio regional, y que a cambio nos daban una línea súper rápida, Avant, con parada en la estación que llaman de Padrón-Barbanza y que está en medio de la nada».

Allí llega ella ahora, cada mañana, a las 7,43. Y allí, tras rascar el hielo que la madrugada ha dejado sobre el parabrisas del coche, se sube en el vehículo de segunda mano que le han tenido que prestar para poder cubrir la distancia que la separa del Concello de Pontecesures, en el que trabaja. Al acabar la jornada, toca de nuevo coger el coche y quemar combustible hasta la estación Padrón-Barbanza para, «a las 14.29», coger el tren de vuelta. Si lo pierde la lleva clara: hasta la noche no hay otro viaje. Porque «hay tres viajes al día en cada dirección». Si se resiste a esperar y busca servicio en otra estación, tiene que pagarse el billete completo, «porque aunque tenemos un bono de 229 euros al mes, no nos lo aceptan».

«Parece que Renfe no hace más que ponernos escollos», apunta Jesús García. ?l también vive en A Coruña y trabaja en el Ayuntamiento de Ribeira. Lleva años combinando tren y coche: se bajaba en la estación de Padrón y subido a su automóvil se dirigía a su puesto de trabajo. La operación se le ha complicado. «Si un día tengo que coger el tren en Padrón, además de que hay que pagar el billete, tengo que dejar el coche en esa estación. Y al día siguiente llego a la de Padrón-Barbanza que está en medio del monte, y allí no hay ni servicio ni de taxis, ni de buses, ni de nada».

Y tanto que no lo hay. Por no haber, apunta Ángeles Freire, otra de las usuarias de esa parada de trenes, no hay ni personal de Renfe, ni carteles que indiquen de qué andén salen los trenes. «Mucha gente llega aquí esperando encontrarse en el centro de Padrón y se quedan descolocados. A muchos los bajamos nosotros en coche», señala Andrea. Las reclamaciones que han presentado ante Renfe no han servido de gran cosa.

La Voz de Galicia

La N-550, un vial con tramos muy distintos y peligro constante en la orilla .

Las comparaciones siempre son odiosas, sobre todo si uno las sufre en sus carnes. Esa idea le venía ayer a uno en la cabeza cuando se proponía recorrer la N-550, la carretera «de toda la vida» de Santiago a Vigo y mientras su vehículo se veía enzarzado en travesías con tráfico lento, limitaciones constantes de velocidad y cruces y más cruces de repente miraba hacia un lado del vial y veía la AP-9, con los vehículos a toda velocidad sin retención alguna. ¡Qué diferencia!

El recorrido empieza en Pontecesures. Y empieza mal. Algo antes de las once de la mañana, uno pierda la paciencia ya en la primera travesía. Hay tráfico por doquier. Así que se tardan varios minutos en enfilar hacia Caldas. Cuando por fin uno se pone en ruta, la cosa mejora. El firme está bastante bien salvo por algún pequeño detalle y, conforme uno se acerca al territorio caldense, el tráfico va a menos. Además, gracias a la variante que Fomento construyó, en Caldas uno hasta saca pecho y piensa que, quizás, se equivoquen los que pagan y van por la AP-9. Porque en el tramo caldense, sobre todo en la circunvalación, el coche va casi como un llanero solitario. Apenas hay tráfico y poco rastro de los camiones que kilómetros atrás desesperaban a uno.

Pero la alegría se acaba pronto en la carretera del pobre. En Briallos, ya en Portas, ayer ya se notaba más tráfico. Encima, en esa zona, uno se daba cuenta de una circunstancia que es eterna compañera en este vial: hay peligro constante en la orilla. Ora aparecen peregrinos, como Michael, un austríaco que ayer indicaba que no le gustaba la cantidad de automóviles que pasaban casi rozándole la piel. Más adelante son los niños que se bajan de un autobús o un hombre cargado con una carretilla de hierba. La cantidad de casas que hay pegadas al vial es enorme y, por tanto, el trasiego de peatones también.

En O Cruceiro de Briallos, de hecho, había un vecino intentando cruzar a pelo, sin paso elevado ni otro elemento de protección. «Aquí cruzamos como podemos, non queda outra», afirmaba. Y es cierto. Porque más adelante uno se seguía encontrando viandantes a la carrera incluso en las zonas con tres carriles.

Entrada a la ciudad
El susto más grande, si uno no conoce la carretera, se lo lleva el conductor llegando a Pontevedra. ¿Por qué el coche de repente hace ruido? La culpa es del firme que hay a la altura de las facultades, al que aplicarle el adjetivo de obsoleto es ser bondadoso con él. Pasando Pontevedra y enfilando hacia Vilanova, llega el sufrimiento por la lentitud del tráfico. Ahí, nuevamente, uno maldice el momento en el que no pagó para ir por la AP-9.

El paso de camiones es constante y sonante. Y, para acabar un poco más con la paciencia del conductor, hay cruces por todas partes. Continuas intersecciones, rotondas y otras hierbas que hacen que, para salvar los 57 kilómetros que van desde Pontecesures a Vilaboa haga falta casi una hora. Al menos eso era lo que sucedía ayer a media mañana.

Carteles que hablan por sí solos. En la N-550 hay varias zonas señalizadas como de concentración de accidentes. Distintos vecinos reclaman que se pongan más. fotos maría hermida

La rotonda donde se resbala por culpa de las naranjas. Un naranjo escupe sus frutos de forma continua en una rotonda. Esto hace que el firme acabe convertido en pista de patinaje.

¿Señales en desuso? A lo largo del vial, como en este tramo de Valga, hay señales luminosas apagadas y, en algún caso, en mal estado. También hay carteles que apenas se leen a lo lejos.

La soledad de la variante. Ayer por la mañana, el único momento de soledad en el viaje por la N-550 desde Cesures a Vilaboa era en la variante de Caldas. Apenas se cruzaban uno o dos coches.

Peregrinos por doquier. Ayer eran numerosos los peregrinos que circulaban a orillas de la N-550. En la foto, Michael, un austríaco de Viena al que no le gustaba el paso constante de coches.

Tramos a 40, 50 y 70 hasta aburrir. Las limitaciones a 40 y 50 son constantes, como en esta zona de Portas. Algunas curiosas: hay tres carriles y límite a 70, por lo que es difícil adelantar.

Y de repente… el traqueteo. El firme de la N-550 está medianamente bien en casi todo el recorrido. Pero al llegar a Pontevedra ciudad la cosa cambia: el traqueteo del coche se hace constante.

Peatones que se juegan el tipo. Cruzar es una odisea en todo el vial. En la foto, al fondo, unos peatones se la juegan en Vilaboa. La imagen se repite constantemente en distintos puntos.

La Voz de Galicia