Las cuatrocientas hostias (coa man aberta).

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Santi Giménez.

En 1959 se dio por inaugurada la Nouvelle Vague con la primera película de François Truffaut, Les quatre cents coups. El título hace referencia a una frase hecha en francés, que vendría a traducirse en español por ??hacer las mil y una?, y jugaba con el doble sentido de la frase y las perrerías que le hace la vida al atormentado Antoine Doinel, protagonista de la trama.

Desde entonces, la muletilla de recibir ??cuatrocientos golpes? ha ido quedando olvidada y ha ido extinguiéndose al tiempo que los hippies que la utilizaban iban convirtiéndose en diputados, concejales y consejeros delegados. No obstante, en Pontecesures, un pequeño pueblo del Baixo Ulloa, en Galicia, puede volver a ponerse de moda, aunque sea con un sentido mucho más literal y menos metafórico.

Hace pocas semanas, la Guardia Civil de Valga consignó la denuncia por amenazas interpuesta por la ciudadana María José Lorenzo quien, alarmada, había comprobado como se había creado un grupo en Facebook referido a su persona bajo el nombre ??Eu tamén lle daria unha hostia coa man aberta? y en el que se habían apuntado 400 personas. Es decir, que la pobre señora Lorenzo está a punto de asumir el papel de Doinel pero a lo bruto, sin figuraciones literarias. Ella tiene el dudoso honor de tener 400 vecinos dispuestos a darle una hostia con la mano abierta, cosa que inquieta más que los vericuetos existenciales que adornaban la obra de Truffaut. ¿Qué ha hecho esta señora para enojar de esta manera a sus conciudadanos? Esta es su historia.

María José Lorenzo creó en su día una página en Facebook llamada ??Xente de Pontecesures?, una página dedicada a compartir recuerdos y noticias del pueblo y que según su impulsora fue creada ??para la nostalgia y comentar temas de actualidad?. Hasta aquí, nada hacía suponer que la cosa podía acabar como el rosario de la Aurora, pero es que Pontecesures tiene una curiosa historia.

Como no podía ser de otra manera, Pontecesures tiene su némesis en el pueblo de al lado, Valga, del que había formado parte hasta 1930, año en el que los cesureños culminaron su proceso de independencia, iniciado en 1925, cansados de pagar más impuestos que el resto de habitantes del Concello. No sé si la historia les suena. El caso es que desde entonces los de Valga y los de Pontecesures no se llevan demasiado bien.

Hecha esta precisión, resulta que la autora de la página de Facebook no vive en Pontecesures y ese detalle fue la mecha que encendió la polémica. Los debates en lo que debía ser una página para la nostalgia fueron volviéndose cada vez más agrios. María José Lorenzo empezó a vetar el acceso a la página a gente a la que acusaba de no poder opinar del pueblo por vivir en Valga y las discusiones fueron subiendo de tono. Antes, las discusiones en los pueblos se mantenían en el casino a la salida de misa. Ahora, por lo que se ve, ya son vía Facebook, aunque, la manera de arreglarlas parece que no ha evolucionado demasiado.

El punto álgido en la discusión de la página creada para compartir recuerdos, recordar a los maestros y hablar de cuanto costaba un litro de leche, fue cuando un cesureño le escribió a la administradora de la página: ??Cando te vexa vou darche unha hostia coa man aberta?. Acto seguido, fue vetado del grupo, una actuación que generó una cuestionable corriente de solidaridad y dio origen al grupo ??Eu tamén lle daria unha hostia coa man aberta? al que se apuntaron 400 personas y que motivó la denuncia.

Claro que si tenemos en cuenta que uno de los acontecimientos más celebrados del año es la tradicional carrera de burros y que la mayoría de la población trabaja en la factoría que Nestlé estableció en la localidad en 1939 y desde la que se nutre de leche condensada a medio mundo, no es de extrañar que los cesureños acaben resolviendo sus disputas a leches, o a hostias. Cuatrocientas, o las que hagan falta.

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Un helicóptero con cámara sobrevuela el bajo Ulla.

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En los últimos días un helicóptero que volaba bajo, prácticamente rozando el tejado de las casas, sorprendió a los vecinos del bajo Ulla, en Pontecesures y Padrón. Ante las dudas hay que aclarar que no se trata de un radar ni de un objetivo indiscreto, sino de una aeronave con un cámara en su morro que se utiliza para revisar el tendido eléctrico.

Faro de Vigo

Entran a robar en los últimos días en una casa, una empresa y un bar de Padrón.

Una vivienda, una empresa y un bar de Padrón fueron objeto de robos en los últimos días. En el caso de la empresa, de jardinería y situada en la zona de A Picaraña, es el octavo asalto que sufre en un año, pese a que sus propietarios instalaron medidas de seguridad, como cámaras de vigilancia, que los ladrones se llevaron en la madrugada de ayer.

En esta empresa robaron en un año material de jardinería y de oficina, vehículos de trabajo y hasta una cafetera, sin contar los daños que provocan y que en este último asalto fueron más importante que lo sustraído. Los propietarios de la firma se sienten desamparados y hablan de que, pese a adoptar medidas de seguridad y denunciar los hechos ante la Guardia Civil, no ven que haya la respuesta esperada para evitar este tipo de asaltos que, según explican, afectan a otras empresas de la zona. «Non somos os únicos», aseguran pese a que, en su caso, ya decidieron «non gardar nada de valor» en las instalaciones de la empresa. En su opinión, hace falta más vigilancia policial para evitar los robos.

Si en esta empresa se sienten desamparados, los propietarios de la vivienda asaltada en la tarde del jueves en la avenida de Pontecesures, en la entrada del núcleo de A Ponte, aún tienen el susto en el cuerpo. En este caso, el ladrón o los ladrones se llevaron dinero en metálico y joyas de oro, hasta el punto de que la titular de la casa asegura que «non me deixaron nada en ouro». «Xa non se pode estar tranquilo na casa a calquera hora», añade la afectada.

Ventana pequeña
En cuanto al bar que asaltaron en la madrugada de ayer, está situado detrás del campo de fútbol y, en este caso, se llevaron la recaudación de la caja registradora y de la máquina tragaperras, que rompieron. También dejaron las neveras del bar y la de la cocina abiertas, pero no tocaron nada de la mercancía, por lo que se presupone que buscaban solo dinero, ya que algunos establecimientos lo guardan en los frigoríficos, sobre todo el metálico.

El ladrón o los ladrones accedieron al interior por un ventanuco muy pequeño situado en una zona alta, por lo que se supone que usaron una escalera para llegar a esa altura. Al parecer, es la segunda vez que entran en el bar por ese mismo hueco, aunque la primera fue con el anterior dueño. En cuanto a la tragaperras, la forzaron para llevarse el dinero pero lo hicieron «moi ben», según dijo el técnico de la reparación, de modo que no estaba reventada, por lo que se cree que ya eran expertos en abrir otras.

En los últimos días también apareció forzada la reja de un supermercado del casco urbano.

La Voz de Galicia