Los alrededores imprimen valor al sencillo mirador Solaina de Monte Lapido, en Padrón.

Publicado por Redacción o

El Ulla y Castro Valente son dos de los atractivos que se pueden observar

Algunos enclaves de la comarca compostelana no se merecen por sí solos la medalla virtual que certifica que son un encanto, pero lo son gracias a aquello que los rodea. Ese es el caso del mirador Solaina de Monte Lapido, territorio padronés, carretera que desde la capital del municipio marcha rumbo a Ponte Ulla vía Carcacía y su notable iglesia. El visitante ha subido y allá por las alturas se encuentra el mirador, estirado, relativamente amplio, limpio (no como hace años) y con un par de bancos. Lo que primero sale del alma es decir como ese hay muchos en Galicia. Y los hay, en efecto.

Sin embargo la diferencia no radica en lo que se ve a la llegada, sino en lo que aparece más allá ante los ojos, y eso solo es posible admirarlo acercándose a la barandilla: el impresionante y si hay sol esplendente Ulla a los pies, con sus rápidos, territorio para rafting, un río protegido como zona especial de conservación, metido con justicia en la Red Natura 2000. Se trata de un Lic (su nombre oficial es Sistema fluvial Ulla-Deza) que se caracteriza por sus magníficos bosques de ribera y que incluye terrenos de nada menos que dieciséis ayuntamientos, tanto de A Coruña como de Pontevedra.

Un panel informa sobre la lamprea y su pesca, y muestra dónde se encuentran algunas de las pesqueiras desde donde se captura la prehistórica y por muchos ansiada Prteomyzon marinus. Es también interesante echar la vista al monte de enfrente, el de Castro Valente, en cuya parte superior se están llevando a cabo excavaciones arqueológicas y se ha identificado un enorme —¡1.250 metros de longitud!— murallón defensivo medieval.

Al respecto, hace más de año y medio este periódico decía: «Es necesario buscar más indicios para descifrar si Castro Valente pudo ser una fortaleza dependiente de Iria Flavia para hacer frente a la llegada de los suevos. También sería interesante indagar sobre la fuente y la capilla de San Xoán que la tradición oral sitúa en la cima del monte, como epicentro de una romería muy concurrida en su época. En este sentido, una fuente situada hoy al pie de la muralla cuenta con una piedra labrada con un texto en latín que pudo ser el dintel de la puerta de la antigua capilla, la cual fue trasladada al pie de la carretera». O sea, un auténtico tesoro por descubrir. Hubo un momento en que Castro Valente estuvo amenazado por un parque eólico que se instalaría justo en sus cercanías, pero parece que ha imperado el sentido común.

Todo ese encantador panorama cambia a cada paso que se da hacia abajo desde el mirador Solaina de Monte Lapido. ¿Por dónde? Pues por la pista que nace allí mismo y que desciende hasta unos metros antes de poder tocar las aguas del Ulla (en invierno, con las crecidas, tal cosa resulta posible). Aventura no apta para todas las edades, porque si a bajar todos los santos ayudan, la subida a la vuelta va a permanecer mucho tiempo en la memoria del osado.

La Voz de Galicia

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