Los vecinos se arman de razones en contra tras la publicación del proyecto del polígono de Pontecesures.


Alertan de la falta del informe de Augas de Galicia y la lista de actividades del parque, también de un dudoso sistema de depuración y de la presencia de especies animales protegidas. Aplauden a Bello Maneiro por defender en este asunto a los valgueses, que piden ayuda al colectivo movilizado

La cuenta atrás para la construcción de un polígono industrial de 326.000 metros cuadrados en Pontecesures avanzó de golpe esta semana con el anuncio del Instituto Galego da Vivenda e Solo (IGVS) del sometimiento a exposición pública de la aprobación inicial del proyecto. Un trámite que permitirá durante un mes la presentación de alegaciones en contra por parte de cualquier interesado que lo estime necesario. Un derecho que, ya han adelantado, ejercerán las alrededor de un centenar de familias del lugar de Redondo, limítrofe con la futura área fabril, que desde hace semanas se mantienen en pie de guerra frente a la iniciativa de la Xunta respaldada por el gobierno local encabezado por Juan Manuel Vidal Seage (PP). Tras un primer acercamiento a la documentación, el colectivo ha adelantado que prepara «unas alegaciones bien fundamentadas» sobre el expediente del proyecto del que, por primera vez, disponen de información detallada tras su obligada exposición pública. Con la documentación en la mano, estas son sus principales razones para rechazar el polígono.

INUNDACIONES

Un estudio que niega los flujos de agua en el terreno catalogados por el Estado 

El colectivo vecinal de Cesures en contra de la construcción del parque empresarial en la zona de Tarroeira advierte de que «el equipo redactor del proyecto pretende quitarle importancia a la existencia de agua superficial y subterránea» en el terreno sobre el que se proyecta la dotación industrial. Así, señala, Xestur, ente de promoción de suelo empresarial de la Xunta, solicitó un estudio hidrológico del terreno sobre el que se ubicará el polígono, en el que «descataloga y resta importancia a todos los flujos de agua existentes —recogidos en los registros de la Demarcación Hidrográfica Galicia-Costa— sin la confirmación de Augas de Galicia» con lo que, alertan los ciudadanos del lugar de Redondo, «no está analizado el impacto que la construcción del polígono industrial tendrá sobre las poblaciones próximas de A Charca, A Devesa y Campaña», en el municipio de Valga.

TRATAMIENTO DE RESIDUOS

Confirman la balsa filtrante como sistema de depuración 

Sistema Urbano de Drenaje Sostenible (SUDS). Esta es la solución que la Xunta tiene prevista para el tratamiento de los residuos generados por las empresas que se instalen en el polígono cesureño. El mismo que ya habían encontrado los vecinos movilizados en el borrador del proyecto. Nada se sabría de quién se ocupará del control y mantenimiento de la balsa filtrante, situada en la zona verde que ocupará el costado oeste del parque empresarial, lindando con la zona médica, escolar y deportiva de Baño (Valga) y con numerosas viviendas con pozos de agua para consumo propio y plantaciones para autoconsumo. «Tenemos serias dudas de que este sistema funcione» señalan desde el colectivo cesureño.

ACTIVIDADES INDUSTRIALES

Ni una letra sobre qué tipo de empresas se instalarán 

Los vecinos que verán levantar el parque empresarial de Pontecesures a las puertas de sus viviendas no han encontrado en la documentación del proyecto referencia alguna a qué tipo de empresas irá destinado. Sí una referencia a que «se flexibiliza la oferta de suelo empresarial, con una tendencia si bien a las parcelas de gran tamaño», cuestión que choca al colectivo, por cuanto, indica, «la gran mayoría de las empresas locales son de pequeño o mediano tamaño». Además, dicen desde la plataforma vecinal: «Se confirma que las viviendas de Pontecesures son las grandes perjudicadas, puesto que se verán engullidas por un gran polígono industrial sin espacio de separación».

OTRAS ALTERNATIVAS

Grandes cantidades de suelo industrial disponibles en concellos de la comarca 

«El Instituto Galego de Vivenda e Solo debería estudiar por qué existe gran cantidad de suelo industrial disponible en los polígonos de Catoira, a 9 kilómetros de Pontecesures, de Cuntis, a 12 kilómetros, pertenecientes a la misma comarca, o Rianxo, a 17 kilómetros o 15 minutos en coche», y, aún con ello, apuntan los vecinos del lugar de Redondo, pretender levantar un nuevo polígono en un terreno al que, añaden, la Xunta habría dado una puntuación de 0 en materia de condiciones geotécnicas para la construcción por el suelo no compacto y húmedo de la zona escogida.

MEDIO AMBIENTE

Cinco especies animales protegidas y zona de recuperación de una de ellas 

La documentación del proyecto para la aprobación del plan del polígono de Cesures reconoce, informan los vecinos en contra, que el terreno elegido «Se incluye dentro del Plan de Recuperación de la escribenta das canaveiras —emberiza schoeniclus, una especia de pájaro—, la cual está en peligro de extinción». Además, el terreno figura dentro del Plan de Gestión del Lobo y en el entorno de implantación del polígono existen tres especies de anfibios, un pez continental y el ave mencionada «protegidas bajo normativas autonómicas y estatales». También se ignoraría la presencia de dos hábitats vegetales.

FALTA DE INFORMES OFICIALES

Augas de Galicia, Consellería de Medio Ambiente y Dirección General de Carreteras 

Los vecinos exigen que Augas de Galicia redacte su informe sectorial de autorización, aún pendiente, critican que la Xunta emplease el método simplificado para la Evaluación Ambiental Estratégica del proyecto y reclaman que desde la Dirección General de Carreteras del Ministerio de Transportes se estudie el impacto que el aumento de tráfico tras la apertura del polígono tendrá en la N-550.

Aplauso a Bello Maneiro por defender en este asunto a los valgueses, que piden ayuda al colectivo movilizado

«Nos alegramos de que el alcalde Bello Maneiro se haya posicionado como defensor de los intereses de los vecinos de Valga y no dude en luchar y alegar contra el proyecto». Así reaccionaron los afectados cesureños a la información con la que La Voz hacía pública la oposición del Concello de Valga a parte del plan del polígono vecino. En paralelo, el colectivo manifiesta: «Lamentamos que el tripartito que gobierna Pontecesures no tenga esas ganas de defender los intereses de sus vecinos» con ambos concellos con alcaldes del PP; partido que también dirige la Xunta, de la que confía acabe posicionándose «del lado de la lógica».

Las familias cesureñas afectadas cuentan que vecinos de Valga lindantes les han pedido reunirse con ellos preocupados por el posible agravamiento de sus problemas con las inundaciones y accidentes de tráfico con el futuro polígono.

La Voz de Galicia

Ramón Barreiro: «Soy el único marinero de las Rías Baixas que navega en su tiempo libre».

Lleva trabajando en el mar desde que tiene uso de memoria

A Ramón Barreiro la pasión por el mar le viene en la sangre. Descendiente de una familia de larga tradición marinera, el primer recuerdo que guarda de su infancia es subido a la dorna de su padre. La curiosidad por la vela también despertó en él a una edad muy temprana. Una dorna de tope entrando en Pontecesures llamó su atención. «Recordaré esa imagen hasta el día que me muera. La vela ondeando al viento de esa embarcación, que debía de ser de las últimas que todavía surcaban la ría, se me quedó grabada», explica. Y desde entonces no paró hasta convertir esta disciplina en parte de su vida, a pesar de los «te va a salir el mar por las orejas» de su padre. Se inició en el mundillo a través de la televisión, viendo la Copa del Rey o construyendo barcos de madera en sus ratos libres. Desde hace 16 años, a lomos de su crucero, el Ziralla Primero, compite cada temporada como uno de los cruceristas más asiduos de las Rías Baixas.

Pero combinar un pasatiempo como la vela con su trabajo no es tarea fácil: «Soy el único marinero que navega en su tiempo libre», explica, y cuando le pregunto cómo consigue que el mar no le sature confiesa que «al principio se me hacía duro, pero el cuerpo se acostumbra a todo».

La aventura con el Ziralla comenzó junto a su, todavía hoy, compañero de tripulación Ángel Sabuz. Tras un tiempo navegando en el crucero de su primo, Barreiro quería hacerse con su propio barco y junto a Sabuz compró un Astraea 33 Sprinter, de 10 metros.

«Los primeros años en el barco navegamos muchísimo. Dormíamos en él, íbamos a cuanta regata había y disfrutábamos de las fiestas tras cada competición», narra. Desde entonces han pasado por su cubierta más de treinta navegantes, una escuela abordo en la que, a ritmo de regata, se aprende todo lo necesario para ganar.

Barreiro siempre ha sido autodidacta. «El viento no se ve, se siente, y para aquel que está acostumbrado a tenerlo en la cara todos los días es como si lo viera», explica, aunque también ha leído un par de libros sobre trimado básico de velas.

Profesionalmente lleva más de cuarenta años en el negocio marinero -siendo niño ayudaba a su padre durante las vacaciones del colegio-, lo que le ha permitido conocer diferentes artes de pesca para abastecerse de los pescados con los que comercia: lamprea, anguila y chopo.

El primero que recuerda haber empleado es el rastro da solla, pero pronto descubriría la técnica que utiliza en la actualidad, la nasa butrón. El dominio de esta herramienta le ha llevado a presidir durante ocho años la agrupación de Valeiros de Pontecesures, el colectivo que utiliza este instrumento para la pesca de la lamprea y la anguila.

Regatas

En cuanto a la afluencia de barcos en la ría, Ramón Barreiro opina que se está recuperando poco a poco la cantidad de velas que podían llegar a verse en las regatas antes de la crisis. «En las Rías Baixas competimos más de cien barcos por regata hasta 2010. Después todo se vino abajo, aunque últimamente ha remontado bastante, sobre todo en la ría de Pontevedra».

Aunque las regatas le han proporcionado «experiencias preciosas y sensaciones muy bonitas», explica que tras 16 años ha empezado a utilizar el Ziralla a modo de crucero, dejando un poco de lado la competición..

«Un pescador se acostumbra a sentir el viento cada día, casi parece que podemos verlo»

Además del Ziralla Primero y la embarcación que utiliza para llevar a cabo su oficio de marinero, la pasión por la navegación de Ramón Barreiro lo ha llevado a probar todo tipo de embarcaciones. Siendo niño practicó remo olímpico. Llegó a proclamarse campeón gallego en el campeonato de 1977 y sexto mejor de España, pero tuvo que abandonar esta disciplina para comenzar a trabajar con catorce años, tras abandonar los estudios.

Cuando le tocó hacer el servicio militar, al estar en posesión de la libreta de navegación lo destinaron 18 meses a un barco de guerra. De su estancia allí aprendió que en el barco no hay democracia, ya que en el patrón recaen todas las responsabilidades y «retrasarse a la hora de realizar una maniobra puede ser fatal, por eso hay ocasiones en las que no se debe cuestionar una orden», explica.

Las embarcaciones que ha utilizado para su trabajo han ido cambiando con el paso de tiempo, dependiendo del arte de pesca que utilizara en cada período. Su trayectoria comenzó con la Charo, una gran embarcación de madera para la pesca de la solla, pero por sus manos han pasado dornas de tope y distintos tipos de gamelas, desde que comenzó a pescar con nasa butrón y dejó de lado los trasmaios y el rastro.

Fuera del mar

Aunque durante toda su vida buena parte de su ocio ha estado ligado al mar, Ramón Barreiro también practicó bicicleta de montaña en su tiempo libre durante algunos años, antes de tomarse en serio la competición a vela. «Me gustaba ocupar los domingos con esta disciplina para así poder desconectar del mar. Guardo muy buenos recuerdos de aquella época», explica.

La Voz de Galicia

Xavier Senín: «A tradución é unha das ferramentas fundamentais para a normalización».

O novo Premio Nacional á Obra dun Tradutor verteu ao galego a Andersen, os Grimm e os cómics de Astérix, entre outros.

Xavier Senín, no centro, nun acto na compaña de Xabier P. DoCampo (esquerda) e Carlos Lema

Clásicos como Miguel de Cervantes, Andersen, os irmáns Grimm, Daudet e George Sand, xunto con contemporáneos como Juan Farias, Daniel Pennac e Joan Manuel Gisbert, entre moitos outros, están dispoñibles en galego grazas ao traballo, en solitario ou en colaboración con outras persoas, de Xavier Senín (Pontecesures, 1949). Un labor calado que se remonta varias décadas e que onte foi recoñecido co Premio Nacional á Obra dun Tradutor, dotado con 20.000 euros e que concede o Ministerio de Cultura.https://7077b56c1b4e9842dc4296f2a8c4c4f2.safeframe.googlesyndication.com/safeframe/1-0-37/html/container.html

Senín considera a tradución como un elemento básico para calquera lingua e, no caso do galego, unha utilísima ferramenta normalizadora. «Ao meu xuízo, é unha parte fundamental para calquera lingua, pero para nós é fundamental ter as ferramentas para normalizar, e unha delas, dende logo, é a tradución», explica. «Para a lingua en si e para o benestar do cidadán, para ter acceso a outras linguas e contribuír ao seu desenvolvemento como persoas. Os tradutores poñemos un grauciño de area a iso. Hoxe en Galicia hai moitos e moi bos tradutores e xa veredes como vai haber moitos máis que han levar premios nacionais», engade.

-Pero a situación era distinta cando vostede empezou. Case non había literatura traducida ao galego, estaba case todo por facer, e dá a impresión de que todo ese labor está algo agochado…

-Acábalo de explicar perfectamente, porque iso hai moita xente que non o sabe. Hai moitos anos, no 75, no 76, no 77, non había quen traducise. Había moi pouca xente. Empecei con esta guerra por profesores e amigos meus. Antón Santamarina, Constantino García, Guillermo Rojo, Carlos Casares, Alfredo Conde, Valentín Arias, que é o que máis traduciu de todos nós, con moitísima diferenza: no ano 85 contaba Xulián Maure que a metade dos libros traducidos os traducía Valentín! Tiñamos que estar un pouco en todo: dando clases de galego aos profesores de EXB, que non estaban formados, traducir…

-Lembra ao que contaba Agustín Fernández Paz, que un dos motivos polos que empezou a escribir para rapaces é que non tiña demasiados textos literarios en galego para traballar con eles…

-Claro. Agora mesmo, a miña muller acaba de dicirme: «Hai dúas persoas que se ían aledar moitísimo e non están con nós, que son Agustín e Xabier», Xabier Docampo. Efectivamente, eu vivín iso con eles. É que non había. Fíxate a vida de Agustín, escribindo todo o tempo, e Xabier, xa non digo nada, en cincuenta cousas.

-Aí están tamén as historias de Astérix que traduciu…

-Co Astérix empezamos tarde, creo que no 2009. Houbera no Parlamento unha proposta do Bloque, non lembro agora quen fora, que me perdoe, que había que traducir ao Astérix ao galego, que se estaba traducindo ao catalán. Aprobárono e puxéronse en contacto coa editorial que o facía naquel momento ao castelán e o catalán, que era Bruño. Alí había unha persoa que se chama Trini Marull, que agora está xubilada, e que me coñecía a min. Falei con Valentín Arias e con Isabel Soto e empezamos a traducir e o primeiro que fixemos foi O libro de ouro, que nese momento se traducía a todas as linguas. Para nós, como tradutores, e creo que tamén para o galego, aquilo foi moi importante. E, o que é a vida, agora tamén o traducimos ao castelán, ademais do galego. Valentín morreu, logo quedamos Isabel e mais eu, e agora somos Isabel, Alejandro Tobar e mais eu. E seguimos nesta guerra.

-Como conseguen esa naturalidade, que soe tan ben en galego?

-Aí recorres a un pouco de todo. Goscinny, aínda que agora son outros dous, Jean-Yves Ferri e Didier Conrad, xogaba moitísimo coas palabras, gustáballe moito. Pero el facíao en francés e os demais tiñamos que amañarnos! Por exemplo, os nomes. Aos franceses dinlles cousas, pero a nós, nada. Que nos di a nós Obelix? Obelisco, pode ser. Asterix? Un asterisco. Pero Abraracurcix? Non nos di nada. Así que temos que facer os xogos noutros sitios ou con outras palabras. Agora hai máis facilidades, temos Internet, do que tiñamos ao principio. Por exemplo, as cancións. En O menhir de ouro aparece un concurso de bardos de varias tribos e hai que adaptar as súas intervencións. En galego, en vez de poñer «Para vir a xunta min, para vir a xunta a min» [canta], puxemos «Para vir ao meu menhir» [ri]. É traballoso, pero cando acabas nunca quedas plenamente convencido, eu polo menos. Sempre penso que Goscinny que era un xenio. Nós pretendemos achegarnos.

La Voz de Galicia

Xavier Senín: «A tradución é unha das ferramentas fundamentais para a normalización».

Xavier Senín, no centro, nun acto na compaña de Xabier P. DoCampo (esquerda) e Carlos Lema

Xavier Xenin, no centro.

Clásicos como Miguel de Cervantes, Andersen, os irmáns Grimm, Daudet e George Sand, xunto con contemporáneos como Juan Farias, Daniel Pennac e Joan Manuel Gisbert, entre moitos outros, están dispoñibles en galego grazas ao traballo, en solitario ou en colaboración con outras persoas, de Xavier Senín (Pontecesures, 1949). Un labor calado que se remonta varias décadas e que onte foi recoñecido co Premio Nacional á Obra dun Tradutor, dotado con 20.000 euros e que concede o Ministerio de Cultura.

Senín considera a tradución como un elemento básico para calquera lingua e, no caso do galego, unha utilísima ferramenta normalizadora. «Ao meu xuízo, é unha parte fundamental para calquera lingua, pero para nós é fundamental ter as ferramentas para normalizar, e unha delas, dende logo, é a tradución», explica. «Para a lingua en si e para o benestar do cidadán, para ter acceso a outras linguas e contribuír ao seu desenvolvemento como persoas. Os tradutores poñemos un grauciño de area a iso. Hoxe en Galicia hai moitos e moi bos tradutores e xa veredes como vai haber moitos máis que han levar premios nacionais», engade.

-Pero a situación era distinta cando vostede empezou. Case non había literatura traducida ao galego, estaba case todo por facer, e dá a impresión de que todo ese labor está algo agochado…

-Acábalo de explicar perfectamente, porque iso hai moita xente que non o sabe. Hai moitos anos, no 75, no 76, no 77, non había quen traducise. Había moi pouca xente. Empecei con esta guerra por profesores e amigos meus. Antón Santamarina, Constantino García, Guillermo Rojo, Carlos Casares, Alfredo Conde, Valentín Arias, que é o que máis traduciu de todos nós, con moitísima diferenza: no ano 85 contaba Xulián Maure que a metade dos libros traducidos os traducía Valentín! Tiñamos que estar un pouco en todo: dando clases de galego aos profesores de EXB, que non estaban formados, traducir…

-Lembra ao que contaba Agustín Fernández Paz, que un dos motivos polos que empezou a escribir para rapaces é que non tiña demasiados textos literarios en galego para traballar con eles…

-Claro. Agora mesmo, a miña muller acaba de dicirme: «Hai dúas persoas que se ían aledar moitísimo e non están con nós, que son Agustín e Xabier», Xabier Docampo. Efectivamente, eu vivín iso con eles. É que non había. Fíxate a vida de Agustín, escribindo todo o tempo, e Xabier, xa non digo nada, en cincuenta cousas.

-Aí están tamén as historias de Astérix que traduciu…

-Co Astérix empezamos tarde, creo que no 2009. Houbera no Parlamento unha proposta do Bloque, non lembro agora quen fora, que me perdoe, que había que traducir ao Astérix ao galego, que se estaba traducindo ao catalán. Aprobárono e puxéronse en contacto coa editorial que o facía naquel momento ao castelán e o catalán, que era Bruño. Alí había unha persoa que se chama Trini Marull, que agora está xubilada, e que me coñecía a min. Falei con Valentín Arias e con Isabel Soto e empezamos a traducir e o primeiro que fixemos foi O libro de ouro, que nese momento se traducía a todas as linguas. Para nós, como tradutores, e creo que tamén para o galego, aquilo foi moi importante. E, o que é a vida, agora tamén o traducimos ao castelán, ademais do galego. Valentín morreu, logo quedamos Isabel e mais eu, e agora somos Isabel, Alejandro Tobar e mais eu. E seguimos nesta guerra.

-Como conseguen esa naturalidade, que soe tan ben en galego?

-Aí recorres a un pouco de todo. Goscinny, aínda que agora son outros dous, Jean-Yves Ferri e Didier Conrad, xogaba moitísimo coas palabras, gustáballe moito. Pero el facíao en francés e os demais tiñamos que amañarnos! Por exemplo, os nomes. Aos franceses dinlles cousas, pero a nós, nada. Que nos di a nós Obelix? Obelisco, pode ser. Asterix? Un asterisco. Pero Abraracurcix? Non nos di nada. Así que temos que facer os xogos noutros sitios ou con outras palabras. Agora hai máis facilidades, temos Internet, do que tiñamos ao principio. Por exemplo, as cancións. En O menhir de ouro aparece un concurso de bardos de varias tribos e hai que adaptar as súas intervencións. En galego, en vez de poñer «Para vir a xunta min, para vir a xunta a min» [canta], puxemos «Para vir ao meu menhir» [ri]. É traballoso, pero cando acabas nunca quedas plenamente convencido, eu polo menos. Sempre penso que Goscinny que era un xenio. Nós pretendemos achegarnos.

La Voz de Galicia

Bendaña, o ‘fogar’ da obra de Maside.

A mostra sobre o seu legado no pazo compostelán, no que o artista soñou con poder expoñer o seu traballo, podería ser o xerme dun Museo da Vangarda Histórica.

Moi preto do que foi o seu estudo durante a maior parte da súa vida, na compostelá rúa do Vilar; asentado na praza do Toural pola que tantas veces camiñou, o pazo de Bendaña acolle durante todo este ano a exposición Carlos Maside. Patrimonio de Galicia, na que se poden ver as obras do legado do artista adquiridas polo Consorcio de Santiago e a Deputación Provincial da Coruña.

Unha mostra que resulta moi especial, xa que el sempre imaxinou que a súa obra puidera permanecer na capital galega e ser exposta ao público no pazo de Bendaña, nun lugar tan familiar e admirado polo artista, e parte integrante dunha Compostela que el definía como «unha cuestión de espazo», e da que pintou rúas e prazas en non poucas ocasións.

Por tanto, desta forma e grazas á iniciativa da Fundación Eugenio Granell, faise así realidade, case 62 anos despois do seu falecemento, un desexo expresado en numerosas ocasións ao seu sobriño Julio Maside, co que paseaba cada día polo entorno da cidade.

Aberta ata o 31 de decembro na primeira sala do museo, a Philip West, pódese percorrer de martes a venres, en horario de mañá e de tarde, e todos os sábados pola mañá, ata o próximo 31 de decembro, agás os festivos.

Nela, os visitantes terán ocasión de observar obras de referencia da súa traxectoria artística como os óleos Mercado (1950), Paisaxe de Compostela (1931), Tenda (1933), Cacharreira (1942) ou Lavandeiras (1953).

Xunto a eles, o seu autorretrato de 1937, un pastel sobre papel, e gouaches como Dúas paisaxes e Xardas, así como lapis e pasteis da primeira metade dos anos corenta como A nena do libro, Dúas nenas, Nena coa man no peito ou Arrolando a moneca.

Un conxunto de pezas enmarcadas no período que vai desde o cadro de 1930 Muller sentada -aínda que este por agora está exposto temporalmente en Vigo e se espera incorporar máis tarde á mostra compostelá- ata o do ano 1953 Lavandeiras.

Completan a exposición na Granell diversa documentación e libros da biblioteca da entidade museística relacionados con Carlos Maside. Un artista ao que Eugenio Granell refírese no seu libro Memorias de Compostela. Visión orlada por estrellas, islas, árboles y antorchas, no que conta como o seu irmá Mario foi animado por Maside, «o pintor máis colorista na súa arte entre os que había en Santiago», a realizar una exposición na rúa do Vilar en 1928.

De feito, a mostra sobre o legado do de Pontecesures enmárcase nas actividades que a fundación leva anos realizando, como maratóns de lectura sobre escritores dos inicios do século XX e a época da República, aos que Granell coñecía e admiraba, entre os que tamén estaban Antón Avilés de Taramancos, Manuel Lugrís, Valle-Inclán, Manuel Antonio, Antonio Fraguas e Carballo Calero.

Unha mostra que, tendo en conta que amosa o legado adquirido pola Deputación da Coruña, podería servir para impulsar a creación dun Museo da Vangarda Histórica que incluíra obras dos seus compañeiros Arturo Souto e Manuel Colmeiro.

Ademais dun gran reclamo turístico, suporía poñer a pintura galega contemporánea ao nivel que lle corresponde, partindo do traballo do impulsor da chamada Arte Nova, o novo realismo que Maside promove desde Galicia.

Gran referente da arte renovadora durante a primeira metade do s. XX

Gran referente da arte renovadora, Carlos Maside foi debuxante de viñetas en diferentes xornais e ilustrador de libros.

Becado pola Deputación de Pontevedra, viaxa a Madrid e París, onde entra en contacto coas vangardas históricas.

Evoluciona desde unha obra delicada hacia perfís duros e angulosos, apartándose da influencia de Castelao, o seu mestre e mentor, para aproximarse aos grabados xilográficos dos expresionistas alemáns.

O carácter ornamental da estampa xaponesa inflúe na súa creatividade, ao igual que a estética do modernismo, e o cromatismo protagoniza a súa obra.

Vai imprimindo unha profunda volumetría, nun argumento novedoso para a época, amosando unha concepción pictórica que se rebela contra o academicismo.

A súa obra empeza xa a ser considerada polos especialistas pedra angular da xeneración dos pintores renovadores galegos.

A Guerra Civil e a ditadura levan a moitos dos seus compañeiros ao exilio, aínda que con algúns deles manterá unha estreita relación epistolar, como é o caso de con Luís Seoane.

Será esta unha época moi dura para Maside, ao que lle quitan a cátedra como profesor e lle impiden expoñer a súa obra, pero o artista decide permanecer en Galicia, alegando que prefire morrer na súa terra, admirando a súa paisaxe e preto da súa nai, antes que ter que vivir no estranxeiro, aínda que fora moito mellor do que o estaba a facer.

Unha terra desde a que proclama o novo realismo, plasmando imaxes que «unidas unhas con outras compoñen o gran mural da vida moderna, da historia presente; imaxes que compoñen a súa utopía de Galicia», en palabras da súa biógrafa María Esther Rodríguez Losada.

El Correo Gallego

Buscando bo teatro para Casaldeirigo.

O Concello de Valga pecha o vindeiro día 15 o prazo para presentar orixinais ao seu Premio de Teatro.

O día 15 de xaneiro remata o prazo de presentación de obras ao Premio de Teatro «A Guerra da Independencia en Valga», convocado polo Concello desta localidade como unha das actividades relacionadas coa recreación anual da Batalla de Casaldeirigo. Os textos deben centrarse no episodio da revolta popular dos veciños de Casaldeirigo contra as tropas francesas, ser inéditos e estar escritos en galego, cunha extensión mínima de 25 folios a dobre espazo e divididas en tres actos. O autor deberá ter en conta que se trata dunha representación popular na que participarán actores afeccionados e que se desenvolverá ao aire libre nas inmediacións da Capela da Virxe da Saúde polo que o xurado encargado de fallar o premio terá en conta a viabilidade da súa posta en escena. Establécese un único premio de 600 euros que, ademais, implica a obriga de colaborar na dirección da obra para a súa representación dentro do programa da recreación da Batalla de Casaldeirigo. O autor do texto premiado cederá en exclusiva ao Concello os dereitos de reprodución, distribución, comunicación pública e transformación da obra.

La Voz de Galicia