Una sentencia obliga a derribar varias naves de la empresa cesureña Gama e Hijos.

El Tribunal Superior de Justicia de Galicia desestimó un recurso presentado por Gama e Hijos, de Pontecesures, y ha ordenado que, siguiendo las órdenes de la Agencia para a Protección da Legalidade Urbanística, se derriben tres naves de dicha firma. Esas estructuras fueron declaradas ilegalizables “por ser incompatibles con el ordenamiento urbanístico allí al efecto aplicable”, por lo que considera ajustada a derecho la orden de “cese total de su uso, la reposición del terreno a su estado preexistente y la demolición de todo aquello allí construído”. La sentencia del TSXG hace hincapié que en la parcela en cuestión se ha pasado “de la existencia de un mero taller cuasi artesanal, a una ampliada y aún compleja instalación industrial”. Los responsables de Gama e Hijos explicaron que el asunto entá en manos de sus abogados.

La Voz de Galicia

El Concello de Valga tramita un nuevo plan parcial para que Extrugasa pueda ampliar sus instalaciones.

Extrugasa es un gigante. El Grupo Quintá se ha convertido en una isla propia dentro de Valga, con unas naves que ocupan 85.000 metros cuadrados. Pero la firma, que no se detiene nunca, necesita seguir creciendo. Y en previsión de los estirones que haya que dar en el futuro, se ha encendido la lenta maquinaria administrativa. Precisamente por eso, el alcalde de Valga, José María Bello Maneiro (PP), acudió ayer a Santiago, donde mantuvo una entrevista con la secretaria xeral de Ordenación do Territorio e Urbanismo, Encarnación Rivas, a fin de analizar el proceso que debe culminar con la expansión de Extrugasa.

Sobre la mesa de la Administración hay ya una propuesta que incluye la «reordenación de catro ámbitos existentes, inmediatos á ubicación actual da empresa, así como o desenvolvemento dun novo sistema viario para o seu axeitado funcionamento, que conecte directamente coa estrada PO-548, e que correría a cargo da empresa», según explica la Xunta a través de un comunicado. La construcción de ese vial de acceso deberá ser coordinada y visada por la Axencia Galega de Infraestruturas, según señalaron desde la Administración.

En la actualidad, en el Grupo Quintá trabajan alrededor de medio millar de personas. La firma ha realizado una gran inversión para dotarse de nueva maquinaria que le permita seguir avanzando en sectores como la arquitectura, la industria, la alimentación, la automoción o la aeronáutica.

Sobre su posible ampliación, los responsables de esta empresa, pionera en el sector del aluminio en Galicia, señala que «de momento no existe un proyecto en firme». En todo caso, «el Grupo Quintá, en su política de mejora continua y de aplicación a su actividad y sistemas productivos de las tecnologías y estructuras más eficientes, está analizando posibilidades para la ampliación y mejora en todos los ámbitos de la empresa».

La Voz de Galicia

El Camino se pone más bonito.

El trajín es constante en el Camino Portugués a Santiago. El número de peregrinos que eligen esa ruta para llegar hasta la tumba del Apóstol no para de crecer año tras año. Para muestra, lo ocurrido en 2015, cuando por el punto de atención que el Concello de Valga ha puesto al servicio de los caminantes han pasado la friolera de 31.437 peregrinos, procedentes de hasta 86 países distintos. Semejantes datos, en crecimiento constante, confirman a la ruta que entra en Galicia por Tui como uno de los atractivos turísticos más importantes con los que cuentan los municipios situados en sus márgenes. Y así, a la sombra del Camino y al calor de los peregrinos, han ido proliferando pequeños negocios.

Para que el éxito de la ruta no solo no decrezca, sino que aumente, la Xunta ha comprometido ayuda y mimos. ¿Objetivo? Acabar con todo rastro de feísmo, de desaseo, de abandono. El delegado territorial, José Manuel Cores Tourís, visitó ayer Valga para anunciar una de las medidas que se ha puesto en marcha para mejorar la estética del Camino, para apartar de la mirada de los peregrinos todo rastro de feísmo, de desgaste. Se trata de un plan de ayudas para la rehabilitación de viviendas y edificaciones situadas en las parroquias por las que transcurre la vía. Según los cálculos que maneja la Xunta, solo en Valga más de 2.800 vecinos podrían acceder a una subvención que cubre el 35 % de la obra, con un tope de 11.000 euros.

El alcalde de Valga, José María Bello Maneiro, hacía ayer un llamamiento a la Xunta para que amplíe las ayudas a la ruta marítima, y a los vecinos para que aprovechen la ocasión y acometan obras que «nalgúns casos poden ser moi necesarias». Cambio de tejados, mejora de fachadas o renovación de puertas y ventanas son algunas de las mejoras que encajan en este plan de ayudas, que viene a compensar «as molestias que soportan estes mesmos veciños, que teñen que someter todas as súas actuacións ao filtro de Patrimonio». Resulta este, por lo demás, imprescindible, ya que el Camino es un bien que hay que cuidar con extremo celo. «Desde que se empezou a controlar o que se fai na súa contorna, o feísmo está limitado».

El tramo del Baixo Ulla, en buenas condiciones y con un único punto conflictivo
Implicar a los propietarios para que mejoren el aspecto de los edificios que jalonan el Camino es fundamental. Pero más importante, si cabe, es lograr que la ruta estén en perfecto estado. Para ello, el año pasado se abordaron algunos trabajos de mejora en el tramo del recorrido que discurre por las localidades de Valga y Pontecesures, gracias a un convenio a tres bandas entre ayuntamientos, Diputación y Xunta.

Se trata de un trayecto «que está en boas condicións», según señaló el alcalde Bello Maneiro. Aún así, esta parte del recorrido volverá a ser tenida en cuenta en los planes de mantenimiento y mejora de los caminos de Santiago que la Xunta ya ha diseñado, según explicaron tanto el regidor valgués como el delegado territorial, Cores Tourís. «Os traballos de mantemento e conservación no Camiño, especialmente nas zonas de terra, teñen que ser constantes, permanentes. Nalgunhas zonas poden ser necesarios pequenos arranxos, pero en xeral está en boas condicións agás un punto no que temos un pequeno problema cun muro de contención», argumentaba ayer el regidor valgués. Es precisamente en esa zona donde el Concello confía que se actúe en cuanto haya fondos disponibles. De esa forma, confían en seguir seduciendo a los peregrinos, los mejores embajadores.

La Voz de Galicia

«Collemos leña e víveres, e a esperar».

Rodeados de agua. Así se despertaron ayer los vecinos del lugar de A Devesa, en Valga. La lluvia y la marea habían hecho enloquecer al río próximo, que se había desparramado por fincas y carreteras, obligando a cortar los pasos subterráneos de la vía del tren y empujando a los vecinos a poner en marcha sus mecanismos de defensa contra el agua. José Luis Romai, que vive en una de las casas que más sufren cuando crece el Valga, sacó los parapetos de metal con los que se cierra a cal y canto la puerta de su vivienda. Los tiene listos desde hace tiempo. «Levo aquí desde os anos setenta, xa teño pasado por unha chea de inundacións», narraba ayer. Con los años ha aprendido a escuchar la lluvia, a mirar el río y a resignarse. «Cando vemos que chove moito e que a cousa se pon mal, collemos leña e víveres, e a esperar».

Para evitar que los vecinos de A Devesa tengan que seguir haciendo gala de su paciencia, el Concello de Valga ha elaborado un plan para evitar las inundaciones en el tramo final del río Valga. El alcalde, José María Bello Maneiro (PP), recordaba ayer que la primera fase acometida en el río ha dado resultado, evitando que en días como ayer la carretera de Vilagarcía tuviese que ser cortada al tráfico. Pero queda la última parte del proyecto por ejecutar. «Esperamos que sexa este ano», decía ayer el regidor.

Mientras esa obra no llega, los vecinos de lugares como A Devesa siguen pendientes de la lluvia. Y de los claros. Ayer, hacia el mediodía, un jirón azul pálido se dejó ver entre las nubes de lluvia. Era el heraldo de las buenas noticias: el cielo se secó, la marea comenzó su retirada poco después, y el nivel del agua comenzó a bajar. «A partir de aí todo foi mellor», explicaba el responsable de Protección Civil. Varias de las pistas que durante la mañana tuvieron que permanecer cerradas pudieron ser reabiertas al tráfico. Al cierre de esta edición, las cintas que impedían el paso ondeaban aún en A Devesa y en los pasos bajo la vía del tren. Estos últimos iban a permanecer cerrados también durante la noche, pero las otras zonas estaban pendientes de una última inspección. «Recuperamos a normalidade, pero aínda hai que ver o que pasa nos últimos días, porque o ría trae moita auga», dice José Otero Caamaño.

La Voz de Galicia

«A auga é imparable, é peor que o lume».

Alicia Cardama está acostumbrada a ver el río Sar desbordarse. «Moitas veces a auga nos chega ao felpudo», relata esta vecina de Lamas (Padrón). Otra cosa es que la inundación, como les sucedió ayer, acabe por anegar toda su casa y destroce sus enseres ante su impotente mirada. «A auga é imparable, é peor que o lume porque non podes facer nada, ata nace do chan e por moito que limpes e saques, sempre aparece máis», explica.

En casa de Alicia están ahora sin lavadora, sin cocina y sin nevera «e cun neno de dous anos e medio e outro de tres meses xa me dirás como imos facer», afirma. Para ella, como para la mayoría de los vecinos de Lamas, su desgracia podría haberse evitado si les hubiesen hecho caso cuando reclamaron que la nueva carretera de circunvalación de Padrón se construyese levantada para permitir el paso del agua de las pluviales. «Non o fixeron e aquí están as consecuencias», señala Cardama, que considera que el periférico está actuando como «un dique» y que dirige el agua de lluvia directamente hacia las casas de Lamas.

Tras la inundación de ayer de su casa, para Alicia Cardama «o mal xa está feito» y recuerda que su seguro no se hará cargo de nada y que dependerán de la decisión del Consorcio de Compensación de Seguros. «Eles deciden e tes que aceptar o que che dan», añade resignada. Los afectados de Lamas temen ahora que el nuevo temporal anunciado vuelva a anegar sus casas.

La Voz de Galicia

Las Navidades al sol de Oliveira junto a su gran amigo olímpico.

El cesureño trabaja tres semanas en Palma con la ayuda de Sete Benavides, diploma en Londres 2012 y aspirante también a Río.

El entrenamiento de ayer, entre el aguacero y el fuerte viento de un invierno gallego que parece haber recuperado este año todo su esplendor, resultó para André Oliveira la bofetada que lo acabó de despertar de su regreso el martes de tres semanas de estancia en Palma de Mallorca. Tres semanas muy bien aprovechadas por el palista cesureño del Náutico Firrete, en las que tuvo a su buen amigo y diploma olímpico en Londres 2012 Sete Benavides como generoso anfitrión, y también compañero de más de una de sus muchas sesiones de trabajo en el agua. Una amistad fraguada durante la temporada 2009/10, cuando ambos coincidieron en la selección española de canoa Sub-23 concentrada en Pontevedra, compartiendo piso con el ribadumiense David Maquieira y el asturiano David Fernández.

«Sete e o seu adestrador, Kiko, dicíanme todos os anos na derradeira proba internacional da tempada a ver se ía adestrar alí». Y este año Oliveira se animó a hacerlo junto a su compañero kayakista del Náutico Firrete Antón Rey. Que la pareja del cesureño tenga su residencia actual en Palma fue el factor que acabó de convencer a André, para el que la concentración en la isla balear resultaba un plus en su pelea final por un puesto en el programa del C-1 1.000 de los Juegos Olímpicos de Río este verano.

Y es que «vimos para aproveitar unha mellor climatoloxía, nunha época na que en Galicia son comúns os temporais, e así non perder sesións de auga», al tiempo que «cambiamos de rutina, o que favorece a motivación de cara a preparación das primeiras competicións», explicaba ayer Oliveira. A falta de conocer en las próximas semanas el poso del trabajo realizado, todo apunta a que la experiencia ha resultado un éxito.

«Comezabamos cedo, polo que arrincabamos abrigados, pero acababamos con temperaturas de 20 graos e traballando en manga curta» relata el canoísta. Con sesiones dobles diarias en el agua a excepción de los festivos, que obligaban a André a cubrir los 50 kilómetros entre Palma y Alcudia, localidad del club de Benavides. Allí «adestraba con material que me prestaba Sete, que tamén me deixou as chaves do club para ter liberdade de horarios».

Aunque apenas se pudo entrenar con Sete, por manejar este un programa de entrenos diferente al trabajar pensando en el C-1 200 de Río, y pasarse parte de la Navidad de viaje personal y renqueante de una gripe, André subraya que «foron unhas semanas de moito volume de adestramento, ao que sumado á pouca profundidade do encoro no que traballabamos, fixeron as sesións especialmente duras».

Oliveira, que compartió habitación con Benavides en los primeros Juegos Europeos el pasado verano en Bakú, Azerbaiyán, prepara como nunca la nueva temporada. Arrancando pronto, el 5 de octubre, y acumulando ya dos semanas de concentración en altura en Sierra Nevada a comienzos de noviembre.

La Voz de Galicia