Pontecesures, familia y todo el baloncesto gallego despiden a Seijas.

Publicado por Redacción o

El presidente del Club Río Ulla perdió la vida en un accidente laboral a los 61 años.

Seijas en el pabellón de Pontecesures en el que encontró su otro hogar.
Seijas en el pabellón de Pontecesures en el que encontró su otro hogar. 

La noticia del fallecimiento de Carlos Antonio Seijas Mosquera ha dejado una profunda consternación entre todos aquellos que tuvieron la fortuna de conocerle. Seijas se fue de forma inesperada, víctima de un accidente laboral, trabajando como lo había hecho durante toda su vida: subido a un andamio, en ese oficio de la construcción al que se había dedicado desde que, con apenas 14 años, comenzó de la mano de su padre.

Tenía 61 años y apenas le separaban unos meses de una jubilación que esperaba con ilusión. Una fecha que llevaba grabada a fuego porque, como él mismo decía, quería dedicar ese tiempo nuevo a su familia, a su afición por la pesca y al club de sus amores, el Club Baloncesto Río Ulla, entidad que presidía con orgullo, compromiso y una entrega absoluta.

Quienes bien le conocían hablan de un hombre noble, honrado y siempre dispuesto a arrimar el hombro allí donde hiciera falta. Una persona de una calidad humana inmensa, de esas que transmiten paz sin necesidad de grandes discursos. Seijas era más de escuchar y observar, de mantener la calma incluso en los momentos más difíciles, de estar siempre sin hacer ruido, pero estando de verdad.

Marido de Chus, a quien conoció en la adolescencia, y padre de Sunny e Hiwot, nacidos en Etiopía pero cesureños de corazón, alma y vida, Seijas construyó también una familia desde el amor, la entrega y los valores que marcaron su camino. Natural de Rianxo, encontró al otro lado del Ulla un lugar al que pertenecer y en el que dejó una huella imborrable.

El baloncesto fue una de sus grandes pasiones. En el Río Ulla era el primero en coger el bombo, preparar la cancha, servir un café o hacer cualquier tarea necesaria para que todo saliera adelante. No entendía el club desde los despachos, sino desde la cercanía, el trabajo diario y la convicción de que el deporte educa, une y deja valores para toda la vida.

Tomó el relevo de Juan Caamaño en la presidencia y vivía con especial ilusión la celebración del 40 aniversario de la entidad. El pasado domingo disfrutó como un niño del ascenso del sénior femenino a 1ª Autonómica, una alegría que sintió como propia porque el Río Ulla era, para él, mucho más que un club.

Seijas se fue sin avisar, por un capricho cruel del destino, cuando todavía le quedaban sueños por cumplir y tiempo por compartir. Pero quienes le quisieron, y todo el baloncesto gallego, saben que hay personas que no se marchan del todo. Permanecen en lo que sembraron, en los recuerdos que dejan, en las manos que ayudaron, en los silencios compartidos y en la bondad con la que hicieron mejor la vida de los demás.

Carlos Antonio Seijas Mosquera ya forma parte de la memoria más querida del Club Baloncesto Río Ulla y de todos los que descubrieron en él a un hombre bueno, de los que nunca serán olvidados. Esta tarde, a las 17.00 horas, serán muchos los que le den su último adiós en la iglesia de San Xulián de su Pontecesures querido. Descansa en paz Seijas.

Faro de Vigo

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