La Mancomunidade Serra do Barbanza ha decidido cortar por lo sano para satisfacer las deudas pendientes de concellos como el de Ames por el servicio de recogida y tratamiento de la basura y ha recurrido a la Xunta de Galicia para que detraiga de las transferencias del Estado una buena parte de la deuda que este Ayuntamiento mantiene con la Mancomunidad y que, según esta, asciende a 1,3 millones de euros, un importe cuya cuantía Ames no comparte.
Este sistema de cobro por vía ejecutiva, que el Concello de Ames ha aceptado, no solo afecta a este municipio, ya que en una situación similar están los ayuntamientos de Noia, Carnota, Lousame, Porto do Son, Rois y Cesures, aunque las cantidades adeudadas son inferiores. En total, la deuda de los concellos citados anteriormente supera con creces los dos millones de euros.
Mediante este sistema, tal y como ayer explicaba el presidente de la entidad y regidor de Lousame, Santiago Freire, lo que va a ocurrir es lo siguiente: al final de cada trimestre, la Xunta retendrá fondos de forma paulatina a los citados concellos procedentes del Plan de Cooperación Local o de los tributos del Estado. Freire señaló que, aunque ahora mismo la situación todavía no es peliaguda, si se sigue por este camino, «a Mancomunidade acabará asfixiada e sendo inviable». De ahí que se decidiese recurrir a esta medida tan drástica.
Freire también explicó que no todos los concellos están en la misma situación. Y que, quizás, en el caso de Porto do Son, Rois, Cesures y Lousame las cosas se arreglen sin que se llegue a la retención pero que otras Administraciones, como Carnota, Noia y Ames sí deben unas cantidades importantes.
Los dos únicos concellos que se salvan de la retención de fondos son Muros y Brión, ya que, aunque tampoco están al día en los pagos, las cantidades no eran significativas para para aplicarles esta medida. Freire señaló que, al tener la Mancomunidad todas esas deudas, esta no le puede pagar a FCC, que es la empresa que gestionar la planta de Servia. De ahí que se intente romper ese círculo.
Con la retención de fondos se pretende poner coto a la situación, aunque hay muchas dudas de que se vaya a acabar con el problema. ¿Por qué? Porque, aunque se cobren los atrasos, si los concellos siguen sin pagar las cuentas no dejarán de menguar.
LA VOZ DE GALICIA, 27/02/10

Pontecesures es un pequeño municipio del norte de la provincia de Pontevedra que ejemplificó perfectamente el bum de la construcción de los años de bonanza. Situado en un cruce de caminos entre Santiago, Vilagarcía y Caldas, y con el suelo más barato que sus vecinos, presentaba las características perfectas para convertirse en una suerte de ciudad dormitorio. En el año 2006 tenía la tasa de natalidad más alta de la zona (hoy ronda los 3.200 habitantes) y el Concello no paraba de dar licencias para edificar. Ese año se construían 109 viviendas y el PXOM todavía dejaba margen para construir 700 más. Pero llegó la crisis del ladrillo. Según los datos del Colegio de Arquitectos, en Pontecesures no se visó ni un solo proyecto para vivienda durante el 2009.