Las aguas que horadan la tierra bajan cargadas de ceniza
Las aparentes aguas cristalinas que bajaban ayer por el arroyo Nogueira – el causante del socavón en Meis – no son más que un espejismo. Es cierto que las lluvias de los últimos días aclararon algo los cauces de los ríos que enturbiaron en O Salnés los incendios y las consecuencias del vertido tóxico de la fábrica de Brenntag, pero en cuanto el caudal se estanca, deja a su alrededor una oscura mancha que no es otra cosa que la ceniza y la madera chamuscada que las intensas lluvias arrojan desde los castigados montes de la comarca. Son grises los pozos que formaron las aguas que hicieron temblar el firme de la vía de O Salnés y son negras las piedras que ayer bajaron por los montes de Pontecesures y destrozaron un tramo del Camino Portugués.
A Agrupación Cidadá de Pontecesures acusa ao alcalde, Luís Álvarez Angueira, de retrasar a firma da acta do pleno do día 28 de xuño na que se debateu sobre o gasto do gasóleo nos vehículos municipais.
Hace menos de un mes se ponía en marcha la Iniciativa Man de Camelle, una campaña de recogida de firmas para solicitar al presidente de la Xunta que tome medidas para preservar el legado artístico de Manfred Gnädinger, Man, el anacoreta de Camelle fallecido el 28 de diciembre del 2002. Desde entonces, su casa es una ruina cada vez mayor.
Preto da intersección da pista do Cagaxol coa que vai ata o campo de fútbol hai, nun marxe da calzada, varios trastos vellos (electrodomesticos inservibles, ferros, etc..) que proceden posiblemente dunha finca que foi limpada recentemente é que linda co paso a nivel de Porto-Devesa (alguén depositou hai tempo alí os trastos cando estaba a maleza alta). Hai risco de que se acumulen máis residuos na zona creándose un problema de salubridade.
La intensa lluvia cometió un verdadero desastre ecológico y patrimonial en Pontecesures, al actuar con virulencia contra el Camino Portugués a su paso por la localidad atrancando adoquines, destrozando el firme de zahorra y provocando socavones de hasta dos metros de profundidad. Las riadas padecidas también afectaron a viñedos y fincas privadas cercanas, sobre las que se precipitó el barro, piedras y todos los restos arrastrados monte abajo.