Toda la flota de camiones de la basura de Serra do Barbanza está obsoleta. Pontecesures afectado.

Los problemas con el servicio de recogida de basura en los concellos que envían sus residuos a la planta que gestiona la mancomunidad Serra do Barbanza han vuelto a tensar la relación entre la entidad supramunicipal y Fomento de Construcciones y Contratas (FCC), la empresa que tiene la concesión del servicio desde su puesta en funcionamiento en el año 2003. Las continuas averías de los camiones destinados a la recogida de los desperdicios son la causa de que en las últimas semanas hayan proliferado los contenedores llenos a rebosar en distintos puntos de la comarca, y concesionaria y mancomunidad se responsabilizan mutuamente del problema. Lo que es cierto es que toda la flota de vehículos está obsoleta.

Lo reconoce la propia presidenta de Serra do Barbanza, Teresa Villaverde, que asume que hace tiempo que la entidad tendría que haber cambiado parte del parque de camiones, al tiempo que añade que está en pleno proceso la renovación de tres vehículos. Pese a ello, desde FCC señalan en un informe cuál es la realidad de la flota e insisten en que es «responsabilidad de la mancomunidad dotarse de los recursos económicos necesarios para la sustitución de los camiones y del resto de inversiones una vez se han cumplido ya diez años de su puesta en funcionamiento».

La empresa explica que, en el momento de la firma del contrato para la explotación de la planta de tratamiento de basuras, se asignó a todos los camiones una vida útil de una década, una edad que sobrepasan seis de los ocho vehículos con los que cuenta FCC para la recogida de residuos. Eran nueve, pero uno de ellos está fuera de servicio y ha sido desguazado «debido a su estado irreversible». Esos diez años de vigencia que se establecieron equivalen a 25.000 horas de uso, un límite que superan ampliamente todos.

Tres turnos

Los dos camiones que, en teoría, estarían dentro de su vida útil por llevar en funcionamiento menos de diez años, se han extrautilizado al emplearse para sustituir a otros vehículos mientras estuvieron parados por reparaciones, teniendo que operar incluso durante tres turnos de trabajo continuados, con lo que han superado ampliamente las horas de servicio.

De hecho, de los ocho que están disponibles han llegado a estar averiados al mismo tiempo seis, quedando tan solo dos operativos. Esto es lo que ocurrió el pasado 16 de marzo, y la causa de que en los últimos años Serra do Barbanza haya tenido que asumir un elevado coste en reparaciones: «Desde el 2012, la mancomunidad ha pagado más en arreglos mecánicos de lo que costaría comprar un vehículo nuevo».

Según los datos aportados por el informe de FCC, toda la flota está obsoleta y fuera de su vida útil, con lo que es previsible que sigan produciéndose problemas por la avería de los vehículos. Es más, es probable que la situación se agrave con la llegada del verano debido al incremento de la carga de trabajo, y no se solucionará «hasta que se haya producido la renovación de todos los camiones». Esto se ha notificado a la mancomunidad Serra do Barbanza, que, por contrato, tiene la obligación de sustituir todos salvo dos, que son responsabilidad de Fomento. Sin embargo, desde la empresa concesionaria matizan que la renovación de estos vehículos está «vinculada a la renovación de los contratos con Ames, Pontecesures y Rois, algo que hasta ahora no se ha confirmado».
La entidad supramunicipal sancionará a la empresa por incumplir el servicio

La presidenta de Serra do Barbanza, Teresa Villaverde, discrepa con FCC en que toda la responsabilidad por los problemas que se están dando en el servicio de recogida sea de la mancomunidad: «Eles intentan confundir e dicir que toda a paralización é porque a mancomunidade non renova os camións do inicio do contrato e non é así. Eles teñen os seus propios vehículos, e un deles téñeno parado sen orde de arranxo». En este sentido, Villaverde aseguró que ayer no se prestó servicio en Ames, que eso es responsabilidad de la empresa y que la penalizará por ello.

Es más, la presidenta de la mancomunidad aclaró que se alquiló un camión a otra empresa para la recogida en Ames, pero que no pudo empezar por la cantidad de documentación exigida. Está previsto que lo haga hoy, y su coste «repercutirémosllo a FCC, porque por contrato é responsabilidade súa a recollida en Ames, e aplicaremos sancións por incumprir o servizo». En cuanto a los nuevos vehículos, explicó que esperan abrir los primeros sobres del concurso esta semana y que, aunque intentan agilizar el proceso, deben respetarse los plazos legales.
En los tejados

Mientras la mancomunidad y la empresa concesionaria se pasan la pelota de un tejado al otro, los vecinos son los que sufren las consecuencias de un servicio deficiente en la recogida de basura. Lo mejor para todos sería que ambas partes enterrasen el hacha de guerra.

La Voz de Galicia

Un «hiperactivo» al que ni los santos calman.

Vende cirios y figuras religiosas y le encanta crear. Por inventar, hasta inventó una bicicleta con esquís.

A casi todo el mundo, o por lo menos a muchas personas, les gustaría tener varias vidas en una; poder llevar una existencia camaleónica para no aburrirse nunca del día a día. Pero solo algunos consiguen tal cosa. Entre los que están hechos de esa pasta, capaces de hacer tantas cosas a la vez que parece que se multiplicasen, está Joaquín Diéguez. En su caso curioso el suyo. Porque recibe él en la cerería que regenta en la calle San Román de Pontevedra, un sitio donde parece que el tiempo se detuvo en algún momento y no avanzó más. Es un negocio pequeño, con viejísimas estanterías llenas de santos y velas y olor inconfundible a cera, casi a iglesia en realidad. En ese áurea de teórica paz, uno se imagina que el tendero, que tiene puesto el abrigo tras el mostrador, será un hombre de vida tranquila y sosegada. Pero nada más lejos de la realidad. Joaquín se define como hiperactivo. Y, francamente, debe de serlo.

Antes de iniciar la entrevista, hay que esperar a que Joaquín atienda. Despacha primero a una joven que busca unos cirios que se mantengan encendidos los nueve días de una novena; le pone incienso y mirra a otra clienta; saluda efusivamente al repartidor que viene a traerle un buen número de paquetes; atiende a otra persona más que busca velas para una ceremonia… y al fin queda libre. Viaja entonces a su infancia, a Pontecesures, el lugar donde todavía sigue viviendo parcialmente -a ratos lo hace también en Pontevedra-. Cuando él era un niño que dedicaba su tiempo «a matar pájaros e incluso venderlos», su padre estaba al frente de Cerería Diéguez, una factoría fundada en Pontecesures por el bisabuelo de Joaquín, que empezó a hacer velas en el siglo XIX. Joaquín, por tanto, entre pájaro y pájaro, creció rodeado de moldes de cera. Y se enamoró del oficio. «Trabajé un poco como mensajero pero luego ya me centré en la cerería», explica. Primero lo hizo en su tierra natal, a pie de fábrica. Luego, como ahora, a medio camino entre Cesures y Pontevedra. Porque resulta que su abuelo cogió el traspaso de la antigua cerería que había en la calle San Román. Su padre continuó con ella y ahora la regenta él, al igual que todo el negocio familiar. No quiere deshacerse de las estanterías de madera, ni del olor a antiguo del local. «Esto tiene que tener su esencia», sostiene.

El caso es que Joaquín se pasa buena parte del día ahí metido, entre velas y santos. Pero no le transmiten demasiada quietud las estáticas figuras. ?l es un torbellino en toda regla. Es casi imposible resumir sus actividades. Pero promete intentarlo. Empezamos hablando de su querencia por los animales. Cuenta que tuvo varios caballos. Y que le encanta la aventura. Entonces, se acuerda de cuando a lomos de un equino se metió a navegar un buen trecho del Ulla. «Fue una pasada», dice. También le apasionan los reptiles. «Tengo un reptilario bastante grande, con más de veinte animales. Tengo por ejemplo camaleones o tortugas», cuenta mientras se apura a buscar en el móvil fotos que demuestren que no habla en broma.

Está buscando imágenes del reptilario pero, mientras lo hace, aparecen otras que van narrando sus mil y una actividades, sus diferentes vidas. «Mira esta, aquí está la bicicleta que yo inventé para ir a esquiar. La probé y funciona de maravilla», explica mientras muestra una foto de un aparato que, efectivamente, es un híbrido casero de bici y esquí. Paseando por su galería de imágenes también aparece Joaquín haciendo trial, otra de sus pasiones, alguna que otra vestido de buzo y listo para hacer pesca submarina o con la autocaravana con la que le gusta irse de excursión «al lugar más raro que uno se pueda imaginar».

Ritmo frenético

Reconoce que si se sometiese a examen, posiblemente, sería un claro caso de hiperactividad clínica. Y que es muy difícil seguirle el ritmo. «La verdad es que ando muy frenético. Ahora en Pontevedra tengo un amigo que viene conmigo a entrenar en bicicleta… y siempre me pregunta si no me agoto, porque yo siempre tengo las pilas puestas», explica con energía. En ese afán suyo por no estarse quieto nunca, también le gusta experimentar con la cera, con las velas y con todo lo que incluye su negocio. Fue así cómo logró hacer una vela que apenas genera humo; cómo logró sacar aromas nuevos y velas decorativas… «Me gusta crear, este oficio tiene muchísimo de artesanía. Yo estoy todo el tiempo dándole vueltas a la cera y a los materiales, no me gusta hacer las cosas siempre igual», insiste una y otra vez. Mientras habla, vuelve a rebuscar entre sus fotos en el móvil. Y saca entonces una especie de cenador que está haciendo con restos de poda de palmeras. «¿Ves? Esto es lo mío, buscar la manera de reutilizar materiales. Esto es lo que más me gusta», indica. Joaquín sonríe viendo sus palmeras desmenuzadas cogiendo forma de cenáculo. Entonces, piensa en sus dos hijas. Recuerda los experimentos con ellas en la fábrica de velas. Y reflexiona: «Se puede ser feliz en el sitio menos previsto, ¿verdad?». Cierto.

¿De dónde procede?. Joaquín viene de una estirpe de cereros. Es la cuarta generación de una familia de Cesures dedicada a este negocio.

¿Dónde trabaja?. A medio camino entre la cerería que regenta en Pontevedra y la fábrica de Pontecesures donde se fabrican las velas y demás material.

La Voz de Galicia

«? falso que os churros engorden».

Son casi cinco lustros, casi un cuarto de siglo, que se dice pronto, los que lleva acudiendo Montse Custodia Llerena al mercado de Carballo con la Churrería Delicias. Es por ello que, aunque vecina de Pontecesures, dice que un poco carballesa ya es también: «En realidade, son de todos os lados, porque me teño que mover por media Galicia», afirma. Más bien Galicia entera: recorre los mercados de A Coruña, Pontevedra, Ourense, Lugo… Por citar algunos. Entre pedidos de «media ducia» o «un euro de churros», cuenta que heredó el oficio de sus padres. Ya ellos acudían a Carballo, en su tiempo. «Eles dicíanme que estudase, pero eu non quixen, e seguín con isto. Hoxe pesoume non ter estudado, claro», confiesa Montse.

Aunque no los aparente, tiene 50 años, y empezó con los churros hace cosa de 30. Se la ve feliz en su trabajo. Concluye que sí lo es («non vou dicir que non») y, además, los clientes agradecen su carácter afable y su trato:

-«Aí van, cariño», le entrega la bolsa a una compradora. Ríe.

Montse es de esas personas que no agrían los días, que contagian sonrisas. Eso no quita que no haya tenido sus cosas ni que, de volver atrás, no hubiese optado por alguna de las disciplinas que le gustaban: veterinaria, por un lado, y abogacía, por otro: «As leis». Su oficio actual, dice, puede parecer bonito de puertas hacia fuera, pero lo define como «moi duro» y «moi escravo»: «Colles moitas molladuras, mil e unha, hai que montar e desmontar… E non é só desmontar, ou viaxar, senón que hai moito que limpar». Después está lo de tratar de cara al público, lo de saber llevar a la gente, cada persona con sus gustos.

Eso, continuamente. Los viernes, por ejemplo, no tiene mercado, pero sábados y domingos sí y, de hecho, son los días que más trabaja. «O domingo non podo ir á misa, non», bromea. Conoce el sector desde antes de los 20 años y dice que la cosa ha caído «en picado». No son las ventas ni las ferias de otro tiempo, pero afirma que eso no es algo que pase solo en Carballo, sino que es general. Cuando hay crisis, afirma, hay crisis para todo, «e aínda que non o pareza, a xente deixa de gastar un euro nos churros, un euro nótase». Del otro lado, frente a la reducción de demanda, ha crecido asimismo la oferta, por lo que todo contribuye.

Aun así, los churros son un manjar de siempre, que va pasando de generación en generación, de esos que los niños que vienen seguirán pidiendo: «Eu penso que isto é algo que non cansa. Non é algo que comas hoxe e que teñas que deixar pasar días para volver comelos, como pasa con outras cousas».

Acudir desde Pontecesures a Carballo le lleva «unha hora escasa», pero las jornadas de trabajo suponen levantarse a eso de las cinco y media de la mañana. A primera hora, hay que tener todo listo para el arranque del mercado. Después de tantos años, dice que, también en Carballo, hay ya algunos clientes fijos, de cada jueves. «Están buenísimos», detalla Montse Custodia sobre los churros que vende. Es más, ella tiene su propia teoría, y así se lo ha dicho ya al mismísimo Gayoso: «? falso que os churros engorden». Matiza después la idea al añadir que, a su juicio, lo que hay que adquirir es un «hábito de saber comer». Pone su ejemplo. Por regla general, y salvo contadas excepciones, todos los días desayuna con un par de churros, «e mira que tipiño teño», ríe. Sus hijos igual, «e están así», dice, gesticulando para hacer ver que delgados. Abunda: «Se eu almorzo dous churros, o que non podo facer é ver a mediodía un pastel, e comelo tamén. E pola tarde o mesmo. Hai que saber». Lo de Gayoso viene a cuenta de que Montse ya ha puesto en varias ocasiones los churros para las celebraciones de fin de año del programa Luar.

«Problema é que che veña unha enfemidade, o resto non»

Desde primera hora, los jueves y domingos de feria, la Praza carballesa huele a churros. Ese cuarto día de la semana también hay mercado en Vimianzo, por lo que Churrería Delicias se divide y a la capital de Soneira acude una hija de Montse. «Teño tres fillos», dice. Incluso es ya abuela de un bebé de 5 meses. «Mira», dice enseñando una foto en el móvil.

Con ello, no tiene claro que vaya a haber tercera generación de churreros. A ver qué pasa. «Á miña filla dígolle que estude. Fixo perruquería e estética. Tamén auxiliar de enfermería e eu quería que seguise por esa rama», abunda Montse. No obstante, parece que el oficio heredado le convence más o, al menos, la hace más feliz, y se le da bien, así que habrá que esperar a lo que depare el futuro.

En todo este tiempo de profesión, Montse no ha tenido grandes problemas en ella. Como mucho, algún día que no le sonase el despertador en esas jornadas de lluvia desapacibles: «Se é unha feira pequena, tampouco pasa nada. Problema é que che veña unha enfermidade, o resto non». Antiguamente venía también a Carballo en tiempo de San Xoán, pero, desde hace unos 16 años, dejó de acudir con el puesto a casi todas las fiestas: «De noite non ando».

Con las ferias se va tirando y, si tuviese que quedar con la que ve más boyante a día de hoy, citaría la de Santa Comba, dos lunes al mes y el primer sábado. El jueves, Montse vendía churros tradicionales y, al lado, de chocolate. Los primeros tienen mucha más demanda que los segundos: «Están moi bos, pero son máis caros». Los rellenos de crema tienen también su aquel. Es la intrahistoria de una profesión de mucho sabor y, asimismo, de mucho trabajo.

La Voz de Galicia

El drama de los refugiados llega a Pontecesures.

Hoy inauguración y hasta el 3 de marzo ? Biblioteca del colegio de Pontecesures ? De 14 a 15 horas y los martes, también, de 16.30 a 18.30 ? La exposición «Exodus: na procura de refuxio» continúa su periplo por los concellos de la provincia, de la mano de la Diputación de Pontevedra. Los fotoperiodistas Felipe Carnotto y Adrián Irago muestran en fotografías el drama de los refugiados.

La Voz de Galicia

Los empresarios de O Grove y Pontecesures se rinden al amor.

«Si realmente quieres a alguien lo único que quieres para ella es su felicidad, incluso si tu no puedes dársela» es la frase que ha ganado el concurso Cesures Namora 2017, organizado por la Asociación de Empresarios de Pontecesures. En segundo lugar quedó la frase «nadie desaparece para siempre si hay alguien para recordarlo» y en tercero «no eres google pero tienes todo lo que yo busco». Por su parte, en O Grove, Emgrobes celebra mañana jueves el sorteo de su campaña de los Enamorados. La cita será a la una y media de la tarde en las oficinas de la asociación. Allí se conocerá el nombre del ganador, que se llevará un fin de semana para dos personas en un hotel con spa.

La Voz de Galicia