Exposición antológica de Carlos Bóveda en la Casa de Galicia de Madrid.

 La Casa de Galicia en Madrid rinde un homenaje durante todo el mes de diciembre al pintor de Pontecesures, Carlos Bóveda, con una exposición antológica de su obra, ocho años después de su fallecimiento. La muestra podrá visitarse en las tres Salas hasta el 30 de diciembre, en horario de 10,00 a 14,00 h. y de 16,00 a 20,00 horas. Festivos: de 10,00 a 14,00 horas.

Nacido en 1933, Carlos Bóveda se formó trabajando desde los quince años como decorador en la Cerámica Celta de Pontecesures, por donde pasaron artistas como Asorey, Maside o Castelao. En el año 1948 inició su colaboración como dibujante con los periódicos Faro de Vigo y La Noche, ilustrando artículos y una serie de fragmentos cerámicos y restos arqueológicos hallados al hacer las excavaciones del muelle de Pontecesures.

En 1957 realiza su primera exposición en Padrón. Su pintura representa en estos primeros momentos imágenes de Galicia, realistas y dinámicas.

En el año 1962 emigró a Buenos Aires, donde pasó 40 años hasta su emotivo regreso a Galicia en 2002, con la exposición Reencuentro en Santiago de Compostela.

En Argentina estableció contacto con otros artistas emigrados como Laxeiro, Castro Couso, Geno Díaz y Solla, además de realizar múltiples exposiciones individuales y colectivas y ser miembro de la comisión de la cultura del Centro Lucense de Buenos Aires.

Como autodidacta, Carlos Bóveda destacó por un eterno afán de superación que iba en paralelo a una sobria tranquilidad como pintor, patente en su pintura, cálida y enemiga de las estridencias, donde el color juega un papel fundamental. Galicia, omnipresente en su pintura, fue su musa a los dos lados del Atlántico y fue también cuestión primordial tanto en su obra como en su pensamiento. Bóveda contó la historia de su tierra desde un cariñoso humanismo que daba voz a gentes y paisajes, los grandes protagonistas de sus cuadros. Estos son costumbristas, llenos de marineros, labriegos  labriegas, y disfrutan de un realismo expresivo que huye de las normas pictóricas situándose al margen de los movimientos artísticos propios de la época.

«Piezas de esta cerámica se vendieron en Latinoamérica».

El médico Manuel Rial López publica un segundo libro en el que da a conocer sus nuevas indagaciones sobre este arte.

«No puedes tener esto oculto. Tienes que darlo a conocer, Galicia no te lo perdonaría». Sin esta frase, en boca de Luciano García Alén, es probable que ayer no hubiese tenido lugar la presentación del libro «Cerámica de Pontecesures. Un ejercicio para el alma», de Manuel Rial López. El encuentro en el que ambos médicos repasaron la que, por aquel entonces, era la «discreta colección» del autor impulsó un trabajo que cuenta, ahora, con una importante ampliación. Tras la publicación de un primer tomo en el año 2003 sobre la Cerámica Celta de Pontecesures, el acceso a nueva información llevó a Rial López a escribir un nuevo libro.

Entre las novedades más importantes sobre una cerámica sobre la que comenzó a indagar a finales de los años setenta se encuentra el muestrario de 35 páginas que llevaba un viajante y que le permitió conocer el número de piezas que se llegaron a fabricar entre los años que transcurrieron entre la apertura (1925) y el cierre (1973) del taller sobre el que tanto lleva investigando.

La segunda novedad vino de la mano de la revista Céltiga, editada en Buenos Aires; y el Heraldo Gallego, en Montevideo. Gracias a ellos puede decir que la Cerámica Celta de Pontecesures (previamente Cerámica Artística Gallega) se vendió en Latinoamérica. Otras indagaciones le llevan a señalar que eran los gallegos emigrados los que se hacían con estas piezas. Una internacionalización que sirve como prueba de su repercusión.

Dividido por capítulos en los que se tratan temas como la historia de Pontecesures o de los creadores de este tipo de cerámica, Rial López hace especial hincapié en los artistas que colaboraron en la elaboración de las piezas. Castelao, José María Acuña y Francisco Asorey fueron algunos de ellos.

A la belleza de las piezas, hay que sumarle «el espíritu gallego del que están impregnadas» y la denuncia que hacían de las precariedades de la época en la que fueron elaboradas. Detrás de un viudo con sus dos niños y sus ovejas a cuestas puede adivinarse una reivindicación de la importancia del papel de la mujer, mientras que la chica a la que se le rompe el cántaro habla de los problemas que le podía general tal pérdida en el momento en el que fue dibujada. «Las figuras hay que interpretarlas. Verlas con los ojos del alma», señala Rial López, que ve como todo el trabajo de campo realizado cobra vida.

La Voz de Galicia

La gran cantera de España palea entre parches al borde del ahogamiento.

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El club no halla los 10.000 euros anuales más que necesita para poder dejar de trabajar en la cuerda floja.

El 31 de julio las aguas de Verducido reflejaban en la flota de piraguas del Náutico Pontecesures el nombre del nuevo campeón de la Copa de España Infantil Masculina y subcampeón de la Femenina. Un reflejo que se retorcía distorsionado en muchas de las embarcaciones del club del Baixo Ulla, desconchadas y cuarteadas por la memoria ajada de décadas de golpes y parches sobre parches. En el Campeonato de España Cadete e Infantil, el 31 de julio el N. Pontecesures encadenaba su tercera victoria en las tres últimas regatas puntuables de una Liga Nacional de Jóvenes Promesas que concluyó tercero de la general, tras haberse subido también a lo alto del podio por equipos del Campeonato de España y la Copa de España Infantil sobre 3.000 metros.

Sujetado con pinzas, con 185 palistas federados este año, aquel proyecto surgido a comienzos de siglo de los rescoldos de la sección náutica del Universitario de Santiago, con base en Cesures, parece hoy un producto de la Cerámica Celta, otra de las joyas surgidas de la localidad del Baixo Ulla. Una frágil obra de arte seriada permanentemente expuesta al desastre al tensionar sus materiales.

En los últimos 6 años el club que preside Ángel Barreiro comenzó a ver recompensado con resultados el trabajo de captación y formación de jóvenes piragüistas de Cesures, pero también de Valga, Padrón, Rois y Dodro, iniciado en el 2002. Apareciendo en cuatro de las ediciones de la Liga Nacional de Jóvenes Promesas (cadetes e infantiles) entre el sexto y el tercer puesto del 2016. Un curso deportivo este en el que aún pelea también por revalidar los títulos de las ligas gallegas infantil masculina y femenina que cosechaba en el 2015. La cantera que vio nacer la carrera internacional del canoísta André Oliveira tiene hoy en la bimedallista europea en K-2 1.000, bronce en los Juegos Olímpicos de la Juventud 2014 en K-1 Sprint y reciente subcampeona del Mundo Sub-23 de K-4 500 Camila Aldana Morison su buque insignia, cuyo rumbo guía la hoja de ruta de la flota cesureña. Y sin embargo, como ocurre en el caso del efecto de las medallas olímpicas en la lectura institucional del deporte español, el brillo de los éxitos amenaza con ocultar los problemas estructurales del N. Pontecesures.

El salto de 100 a 185 federados.

«Hai 5 anos tiñamos uns cen deportistas e 35.000 euros de orzamento. Neste contamos con 185 federados, e 45.000 euros», expone Ángel Barreiro. En el período de mayor crecimiento del club, tanto a nivel cuantitativo como cualitativo, «térmonos situado no máis alto a nivel do piragüismo de base nacional non veu acompañado dun apoio económico acorde». El N. Pontecesures se encuentra al borde del ahogamiento. Solo la capacidad de gestión de recursos de sus responsables a nivel MacGyver ha podido mantener a flote el proyecto y sin frenar su progresión.

«Temos 150 barcos», informa el presidente. «Un 30 % procedente do Universitario de Santiago. De 25-30 anos, cando o aproveitamento idéneo dun barco de competición son dez; con canoas de 20 quilos, cando as de hoxe pesan 14, e kaiaks de 16 polos 12 quilos dos modernos». Material de competición reparcheado hasta el límite.Desde hace tres meses el N. Pontecesures mantiene en dique seco una de las dos lanchas que precisan sus técnicos para dirigir los entrenamientos. «Está totalmente inservible», apunta Barreiro. «Témoslle que meter todos os coxíns novos, e son uns 3.000 euros que inda estamos a buscar. A outra ten varios pinchazos e foi varias veces a reparar».La tercera pata material imprescindible en el piragüismo para trasladar el buen trabajo a resultados premium es el transporte. El N. Pontecesures cuenta con «dúas furgonetas de máis de 10 anos e preto de 300.000 quilómetros», que cada día xeran máis gastos». A una «partíulle a árbore de transmisión o ano pasado por desgaste. Unha nova custaba 1.500. Por internet atopamos unha de segunda man nun desguace de Sevilla, e amañamos con 500 euros».Hábiles apaños que muchas veces salen adelante merced a la complicidad de padres de palistas, como un soldador que le construyó al club un remolque casero para sustituir otro destrozado en un accidente de tráfico ahorrándole 3.000 de los 4.000 euros que costaría uno nuevo. Más implicación del Concello¿Y qué necesita el club para poder sacar adelante su proyecto bajado de la cuerda floja? «Dez mil euros, 15.000 sería a cantidade idónea para afrontar a nosa actividade e ir renovando o material», dice su presidente. Agradecido «co pequeno negocio local, o que máis está a sufrir a crise e o que nos está a apoiar incondicionalmente», Barreiro reclama que «o Concello se implique máis. Moitísima xente de fóra sabe onde está Cesures por nós. Somos o único club que levamos o nome do pobo polo mundo adiante».Unas instalaciones del 2008 escasas y ya deterioradas«Todo o material do ximnasio foi mercado polo club. Ningunha administración puxo un euro. O material trouxémolo dun ximnasio de Padrón que pechara, gardado nun baixo cheo de auga. Lixámolo, pintámolo, fixéronselles os bancos e mesmo uns pais soldadores algunha outra máquina». Ángel Barreiro relata otra muestra del macgyverismo del que lleva años haciendo gala el Náutico Pontecesures para sobrevivir. Porque hasta cuando supuestamente hubo dinero para el club, este se empleó mal. En el 2008 la nave original del club, a orillas del Ulla, era ampliada por la Xunta. Pero con «materiais de moi baixa calidade, filtracións dos baños -con só catro duchas- ás paredes, parqué levantado…». La falta de material y de una sede en condiciones ha obligado este año a tener que dejar fuera a 20 de los niños apuntados en la escuela de verano del club.

La Voz de Galicia

Pontecesures distingue a sus leyendas vivas.

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El Concello celebra sus 90 años independizado de Valga con un homenaje a 26 vecinos nonagenarios y a los ediles de 17 corporaciones, con Ramón Ferro como el más longevo.

Corría el año 1925 cuando un grupo de vecinos de Pontecesures empezó a trabajar para lograr la independencia de la localidad del concello de Valga. ¿El motivo? Principalmente económico, pues los cesureños eran los que más impuestos pagaban a las arcas valguesas. Sus gestiones fructificaron y el 9 de octubre de ese mismo año se constituía la primera corporación del ayuntamiento de Pontecesures, y ya con una mujer en sus filas: Asunción Calvo, hoy fallecida.

El actual gobierno local, liderado por Cecilia Tarela (BNG), decidió celebrar el 90 aniversario de la constitución del concello ribereño con un homenaje a los 26 vecinos que nacieron con el concello -o antes-, así como a una treintena de concejales que “pusieron su granito de arena” en las sucesivas corporaciones -diecisiete- de la historia cesureña. Ramón Ferro y José Ramón Gil, los más longevos, ayudaron a la alcaldesa a descubrir la foto de familia realizada hace unas semanas a los que ejercieron de ediles en algún mandato desde 1925.

Fue un acto austero en el que la regidora quiso precisar que el principal objetivo de este 90 aniversario es “homenajear a la gente”, a las “leyendas vivas” de Pontecesures, que han construido y divulgado la historia del pueblo. “Igual si lo hiciésemos a los 100 años la edad les pesaría un poco”, aclaró Tarela.

De hecho a algunos ya les pesan los noventa, pues la mitad de los “veteranos” distinguidos no pudieron acudir al Concello para ponerse su pin conmemorativo, fundamentalmente por razones de salud. Fue el caso de Cándida Eitor Pesado, la homenajeada más longeva, nacida en 1918. La concejala de Cultura, Maite Tocino, disculpó su ausencia por un “percance” de última hora.

La alcaldesa nacionalista agradeció a los nonagenarios que participaron en el acto su “gran esfuerzo” por no faltar a la cita, algunos de ellos en silla de ruedas.

El de ayer fue un día de celebración para todo el concello cesureño. También fue distinguido el presidente del Club de Automóviles Antiguos, José Blanco, y la asociación “Mirándolles os dentes” con motivo de la feria del automóvil, que también cumple 90 años. La primera edición de este tradicional evento atrajo a Pontecesures a más de 10.000 personas.

La alcaldesa no se olvidó de mencionar a personalidades destacadas que “llevaron el nombre de Pontecesures por todo el mundo” como Carlos Maside, Víctor García, María “A Cuca” o Carlos Bóveda. Las asociaciones culturales y vecinales del municipio, el director de Nestlé o Cerámica Celta, “la primera universidad de artes plásticas de Galicia” tampoco fueron obviados en el discurso de Tarela. El himno gallego al son de varias gaitas y unas copas de champán sirvieron de colofón a un acto con notables ausencias políticas, como la del exalcalde Álvarez Angueira.

Faro de Vigo

Pontecesures brinda por sus 90 años.

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El Concello celebra su independencia de Valga con un homenaje a sus vecinos más veteranos

A María Luísa nunca le gustó el agua. Solo con pronunciar la palabra, en su rostro se compone un gesto de desagrado. «Bebo unha pouca ao día, para tomar as pastillas», dice mientras sostiene en alto la copa de champán con la que, unos minutos antes, brindaba por los noventa años del Concello de Pontecesures. Ella puede presumir, y lo hace, de tener más edad que el municipio: en el mes de abril sopló las 94 velas. Pero como asegura que está «moi ben de aquí» -cuando habla se señala la cabeza- y que se acuerda «de todo», a ella le pedimos que nos cuente cómo era Pontecesures en aquellos tiempos en los que empezaba a andar sola. Su descripción nos remite a aquella villa bulliciosa de la que tanto se ha hablado estos días en la localidad. «Había máis comercio e dous cines, a un chamábanlle pequerrecho. E tamén había un baile, o do Norte. Pasaban bandexas con empanadas e, de postre, natillas ou biscoito».

La concejala de Cultura de la localidad, Maite Tocino (BNG) quiere aprovechar el caudal de recuerdos de, quienes como María Luisa, son la «historia viva» de Pontecesures. Para fijar la memoria colectiva del pueblo tiene el nuevo gobierno muchas ideas, pero hay que darles tiempo para que cuajen. Quedémonos, de momento, con los actos que ayer se celebraron en el consistorio. Unos actos a los que asistieron los vecinos nacidos antes de 1925 o durante el año de la independencia. «Os nosos veteranos», los llamaba la alcaldesa nacionalista Cecilia Tarela. Ella fue la encargada de recordar como «o 9 de outubro de 1925, un grupo de homes principais decidiron independizar Pontecesures de Valga». Lo decidieron, señaló la alcaldesa, «por motivos económicos», hartos de aportar mucho a las arcas de un Ayuntamiento que no les devolvía lo suficiente. Quiso rendir un homenaje especial Tarela a Asunción Calvo, una mujer que formó parte de la primera corporación cesureña, demostrando ser «moi moderna para o seu tempo».

Claro que Pontecesures era, entonces, una cápsula de modernidad a las orillas del Ulla. Era así, reconoció la alcaldesa, gracias a hombres como Eugenio Escuredo, Ramón Diéguez, Carlos Maside, Víctor García… Y gracias, también, a mujeres como Oria Moreno. Todos ellos llevaron «o nome desta vila por todo o mundo» alumbrando proyectos como el de la Cerámica Celta, «a primeira universidade de artes plásticas que houbo en Galicia». O a las ferias del automóvil de ocasión. «A primeira celebrouse no ano 1925 e trouxo a esta vila a máis de dez mil persoas, unha cantidade imposible de imaxinar mesmo nestes tempos».

Agradecimientos
Para recordar aquellas ferias, el Club gallego de automóviles antiguos acudió ayer a la localidad con un buen puñado de las joyas sobre ruedas que poseen sus socios. Para esa entidad tuvo la alcaldesa palabras de agradecimiento, igual que para el colectivo Mirándolle os dentes, que ha hecho «un gran traballo para fixar todo o patrimonio das feiras disperso por casas e entidades».

Pero el Concello tuvo, sobre todo, un agradecimiento enorme para todos los vecinos que, con su trabajo anónimo o con su presencia en la corporación, «contribuíron a que Pontecesures sexa o que hoxe é». A todos ellos, a los veteranos y a los munícipes, se les entregó ayer una insignia. Una joya sencilla que muchos acariciaban, al finalizar el acto, como si se tratase de un auténtico tesoro.

La Voz de Galicia

La Pontecesures de las maravillas.

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Desde el primer consistorio, Richar Rivera (en el centro) trazó un paseo por la historia local.

Otero Acevedo, espiritista y pionero de la neurocirugía, fue uno de los personajes que revivieron con el roteiro histórico organizado por el Concello.

La biblioteca de Pontecesures está instalada en un edificio pequeño pero revestido, aún, de la dignidad que supone haber sido la sede del primer consistorio cesureño. Se antoja su ubicación un tanto extraña, allá arriba, al otro lado de la N-550 que divide la villa en dos. Claro que el viejo consistorio cobra sentido cuando Richar Rivera, el guía del roteiro histórico organizado con motivo de los 90 años del nacimiento del municipio, recuerda que la carretera general no llegó hasta mediados del siglo pasado. Cuando lo hizo, le cambió la cara al pueblo. Lo dividió, lo rompió, y quién sabe si allanó el camino para que buena parte de su patrimonio acabase engullido por ese concepto difuso que es la modernidad.

Desde las puertas de la biblioteca señala Rivera al horizonte. Ha encontrado un ángulo, una imagen, en la que se condensa la esencia de Pontecesures. En ella está presente el Ulla, el río que dio sentido desde sus orígenes a la localidad. «Este lugar apareceu na historia polo río. Era o paso entre a ría e as terras do interior», narra. El paso de los romanos aún se puede leer en la zona del puerto. La historia medieval, en la iglesia de San Xulián, atribuída a Xelmírez.

Y todo lo que vino después. Rivera vuelve a señalar al horizonte. Apunta ahora a las torres de la iglesia, tras las que se levantan, como una «catedral da modernidade», la fábrica de Finsa. El diálogo entre tradición y modernidad fue especialmente activo en la Pontecesures del siglo diecinueve y de comienzos del veinte. «O Ulla, nesa etapa, volveu a ser clave, pero desta volta polo que ocorre río abaixo», narra Rivera.

Quizás en el río haya que buscar la razón del desembarco en Pontecesures de un industrial vigués, Eugenio Escuredo, que montó en Valga una fábrica de ladrillos sobre la que se levantó, como un feliz añadido, la Cerámica Artística, reconvertida después en la Cerámica Celta que sostendría Ramón Diéguez. Gracias a aquel experimento que intentaba mezclar industria y arte, no era extraño ver pasear por Pontecesures a personajes como Valle Inclán o Castelao, alternando con Carlos Maside, o con el recordado don Víctor, el médico.

Al calor de las sobremesas en Casa Castaño, aquel grupo de hombres alumbraron certámenes excepcionales, como la primera feria del automóvil de ocasión de España. «Pontecesures deu unha ampla nómina de personaxes extraordinarios», relata Richar Rivera. Como Manuel Otero Acevedo, que murió en Pontecesures en 1920. Masón, aficionado a la fotografía, al espiritismo y a la tuna -presidió la compostelana en 1888- fue el primer neurocirujano de España. «E moita xente de Pontecesures non sabe da importancia que tivo».

El fantasma de aquel hombre sabio y fascinante, amigo de Valle Inclán y de Baroja, paseó ayer bajo la lluvia con los participantes en el roteiro histórico con el que el Concello celebró sus noventa años de vida. Acevedo siguió a los visitantes por una ruta con parada en diecisiete lugares cargados de significado, invocando a su paso a los espíritus de una historia que Pontecesures no quiere olvidar.

La Voz de Galicia