
Monserrat otero muestra el butrón de otro robo sufrido en su establecimiento en 2009.
Pasaban las 23:30 de la noche del domingo y Monserrat Otero estaba a punto de cerrar el bar que regenta en la playa fluvial de Vilarello. Acababa de irse su último cliente y estaba recogiéndolo todo para irse a casa. Nada hacía presagiar que estaba a punto de vivir una de las peores experiencias de su vida. â??Pechei a porta por dentro, apaguei a luzâ?� y fue hacia la zona trasera del local, donde están los baños. Escuchó varios golpes en la puerta y acudió a ver lo qué ocurría. Fue entonces cuando se le abalanzaron tres hombres con pasamontañas, vestidos de oscuro y con una pistola. â??Apuntáronme no pescozo, naa cabeza, nas costas… déronme patadas, insultando e ameazandoâ?�, le tiraron del pelo, la golpearon en la cara y acabó sangrando por la boca. â??Colleronme as mans e amarráronmasâ?� en la espalda â??con cinta aislante, moi forteâ?�. Se libró de que le inmovilizaran también las piernas porque comenzó a patalear y a gritar. â??Non sabía nin o que dicíaâ?�.
Fueron quince minutos â??terroríficos. Un atraco de películaâ?�, esas cosas que â??ves na televisión pero pensas que nunca che van a pasar a ti. Non lle desexo a ninguén o que pasei. Non sabía o que ían facer comigo, pasáronme moitas cousas pola cabeza, ata que me ían violarâ?�, dice aún atemorizada y sopesando incluso dejar el negocio de la hostelería. â??Teño pánicoâ?� a volver al bar, sobre todo a verse de nuevo sola durante la noche y que los ladrones vuelvan a fijarse en su establecimiento como objetivo. Y eso que los robos no son nuevos para ella. Al menos siete sufrió en años anteriores, pero todos cuando el local estaba cerrado y no había nadie dentro. Esta vez fue diferente y el â??shockâ?� será muy difícil de olvidar para ella.
Los ladrones querían dinero y joyas. â??Miráronme as mans e o pescozo para ver se tiña ouroâ?� y la amenazaron con â??acribirllarmeâ?� a balazos si no les entregaba el dinero, unos 700 euros en monedas y billetes de la recaudación del día y de la venta de lotería de Navidad. Al conseguir el botín que buscaban, â??tiráronme cara a cociñaâ?�, todavía con las manos inmovilizadas y sin poder ver si los ladrones se iban a pie o en un vehículo. Es más, temía que pudieran robarle también el coche porque tenía las llaves posadas sobre la barra. Tras mucho esfuerzo â??â??teño os dedos desfeitosâ?�â??, logró sacarse la cinta aislante que le agarraba las manos y pedir auxilio por teléfono a su hermano y a la Guardia Civil.
“Teño pánico”
Los tres atracadores no les resultaron conocidos a Monserrat Otero. â??Penso que non eran de aquíâ?�, aunque hablaban gallego. Uno de ellos, sospecha la hostelera, había entrado unos minutos antes a pedirle una cerveza, una estrategia para â??controlar a xente que había. Tiña os ollos azuisâ?�, los mismos que percibió después bajo uno de los pasamontañas. Las horas posteriores al robo no están siendo fáciles para Monserrat Otero, que ayer no abrió el bar y duda de si volverá a hacerlo. â??Non estou preparada para volver. Se me vexo alí soa, enfermo. Teño pánico porque o susto foi moi grandeâ?�.
No pegó ojo en toda la noche y con el paso de las horas se han hecho patentes las consecuencias del esfuerzo que hizo y de los golpes que recibió. â??Os brazos non os aguantoâ?� y también tiene dolores de espalda. â??O médico â??al que acudió ayerâ?? díxome que estou baixo un shock moi forteâ?�, por lo que estará un tiempo de baja. El cuartel de la Guardia Civil fue otro de los lugares a los que tuvo que acudir para presentar la denuncia del robo.
DIARIO DE AROUSA, 18/12/12