Comienzan los trabajos de reparación del techo de la marquesina.
Lo usuarios del tren en Pontecesures, y
especialmente Luis Sabariz Rolán, el exconcejal que desde hace años
reivindica todo tipo de mejoras para el apeadero de la localidad, hacen un llamamiento a la colaboración ciudadana para que cesen las pintadas en el edificio. El propio Sabariz señala que
fueron eliminadas no hace mucho, con el pintado exterior del inmueble,
pero solo unos días después los gamberros volvieron a embadurnarla, como sucedió en la estación de Catoira. Ayer
se pintaron nuevamente las paredes del edificio pontecesureño, por lo
que Sabariz muestra su deseo de que no sea atacado otra vez.
Reparación de la marquesina
El
exedil y portavoz de la comisión en defensa del tren de cercanías
aprovecha para indicar que comenzaron los trabajos de reparación del
tejado de la marquesina que se colocó hace unos meses, y por la que caía
agua al andén principal. Sabariz se lo comunicó al
Administrador de Infraestructuras ferroviarias (ADIF), proponiéndole
diferentes soluciones para acabar con esa filtración de agua. “Y esos trabajos han empezado ayer, para satisfacción de todos”, explica.
Iluminación
También detalla que “en los próximos días van a mejorar la iluminación en la entrada a los andenes desde la Praza do Coche de Pedra o desde el Camiño da Portiña”, por lo que “ahora quedamos a la espera de que nos instalen nuevos bancos y papeleras en los andenes, ya que se trata de mobiliario muy necesario”.
Logo de colocarse hai uns tres meses un novo teito da marquesina continuaba a caer auga no andén principal da estación, e así comunicouse ao ADIF que era necesario substituir as baixantes do edificio da estación e reparar a canalización das augas no teito da marquesina para evitar as filtracións. Pois ben; no día de onte comezaron os traballos solicitados para satisfacción de todos.
Ao parecer vaise mellorar nos vindeiros días a iluminación na entrada aos andéns dos usuarios qie acceden ao recinto dende a Praza do Coche de Pedra ou do Camiño da Portiña.
Quedamos á espera de que nos instalen os novos bancos e as novas papeleiras nos andéns. Este mobiliario urbano é moi necesario.
En fín, aínda con lentitude e a golpe de arreóns vanxe arranxando as instalacións cuestión básica para a potenciación do servizo de ferrocarril na nosa vila.
Por último, hai que facer un chamamento para que se coiden as instalacións, Non hai moito elimináronse as “pintadas” da fachada, pero aos poucos días actuaron os gamberros reaparecendo as inscricións. Onte pintouse de novo o edificio. Esperemos que non sexa atacado unha vez máis.
Los datos manejados por Renfe confirman una desproporción entre los pasajeros que llegaron a Pontecesures, Catoira y Padrón y los que se fueron desde estos lugares.
Luis Sabariz Rolán, el que fuera
concejal en Pontecesures y portavoz de la comisión en defensa del tren
de cercanías, se aferra una vez más a los datos oficiales que maneja
Renfe, en este caso correspondientes a 2018, para volver a alertar de que la carencia de despacho de billetes en los apeaderos del Ullán hace que miles de personas viajen gratis. En
esta ocasión cifra en 25.000 el número de usuarios que durante el
pasado ejercicio no pagaron billete al subirse al tren en Pontecesures,
Catoira o Padrón, y achaca esto a una escasez de supervisores suficientes con los que controlar la situación o expedir billetes a bordo, ya que en las citadas estaciones no hay oficinas o máquinas expendedoras en las que adquirirlos.
Un desfase que podría tener consecuencias
El
desfase existente entre los viajeros que llegan al Ullán y los que se
van puede parecer una cuestión menor, y desde luego una ventaja para los
usuarios que se ahorran el coste del billete. Pero el temor de
Luis Sabariz, y de muchos como él, es que la existencia de estadísticas
“irreales” haga cuestionar el servicio ferroviario de proximidad y acabe mermándolo, o incluso aniquilándolo. Los datos facilitados por Renfe Comercial a los que alude Sabariz dicen en 2018 emplearon las tres estaciones 97.286 personas, de las cuales bajadas en tales apeaderos 61.838, mientras que las subidas computadas fueron solo de 35.448.
“Una desproporción imposible”
“Obviamente,
es una desproporción imposible”, alega Sabariz, convencido de que “el
número real de subidas fue muy superior al facilitado”. Buen conocedor de este servicio de transporte, que utiliza casi a diario, el pontecesureño relata que “como
en las tres estaciones no se despachan billetes, la ausencia de
interventores en muchos trenes motiva que, en muchas ocasiones, los
usuarios viajen gratis”. A lo que añade que “tampoco se
computaron las bajadas en Pontecesures, Catoira y Padrón de viajeros
procedentes de otras estaciones del trayecto A Coruña-Vigo en las que no
se expiden billetes, como Cerceda, Órdenes o Arcade, ni tampoco las subidas y bajadas de los usuarios que circulan entre las tres poblaciones cuando el tren no trae interventor”.
Los usuarios van a más
A
modo de ejemplo esgrime que resulta imposible “que en Pontecesures
bajen procedentes de Vilagarcía 5.063 viajeros y solo suban para dicha
ciudad 2.505; y tampoco es posible que bajen procedentes de Santiago
9.174 viajeros y solo suban para la capital de Galicia 3.897 personas”. De este modo Sabariz pone el foco de atención en un problema que denuncia desde hace muchos años y le hace temer por la continuidad del servicio de cercanías. El
consuelo que parece quedarle, al menos, es que a pesar del desfase
antes aludido el número de usuario crece, ya que “en 2017 se computaron
93.796 subidas y bajadas (35.699 y 58.097, respectivamente), frente a
las 97.286 (61.838 subidas y 35.448 bajadas) registradas el año pasado”.
Comparativa
Al
hacer la comparativa para tratar de demostrar que el tren de proximidad
es necesario en el Ullán, Luis Sabariz abunda en que Pontecesures pasó
de 17.243 bajadas en 2017 a las 18.355 del año pasado; las de Catoira se
elevaron de 19.243 a 21.554 y Padrón, creció desde 21.611 a 21.929
usuarios llegando a su estación”. Son diferentes las cifras referidas a los “embarques”, la cuales “nos perjudican desde el punto de vista estadístico”.
Y esto es así porque al no expedirse billetes es como si los vecinos
del Ullán no usaran el tren tanto como en realidad lo hacen. A su
juicio, “los usuarios crecen día a día, y habría que añadir los bonos
mensuales y los ‘bonos 10’, también utilizados por viajeros de estas
villas”.
Potenciación
Termina diciendo que “la potenciación del ferrocarril por la vía convencional es fundamental” e insiste en pedir que se solventen las deficiencias en los andenes tantas veces denunciadas, pues “motivan incomodidades a los usuarios”. Por todas estas razones, y porque “recientemente se anunció la electrificación de este tramo de vía convencional, lo cual es una magnífica noticia”, Luis Sabariz termina pidiendo a las Administraciones públicas “que no todo se quede en buenas palabras y que apoyen y fomenten el uso del tren de proximidad, por razones económicas, ecológicas y se seguridad”.
Años de abandono y dejadez continúan sin solucionarse en la estación de tren de Pontecesures,
una situación que ha comenzado a cansar a los usuarios de este
servicio, que en la zona del Ullán, son muchos. Uno de esos usuarios es
Luis Sabariz, exedil de Pontecesures, que ha remitido unas fotos y unas
preguntas al departamento de Estaciones de ADIF con el objetivo de
presionar a esta entidad para que solucione todas estas deficinecias.
El exedil de la corporación cesureña espera que el ADIF
le aclare cuando se va a solucionar el problema de las filtraciones de
agua que se registran en la marquesina de la estación, muy frecuentes y
que provocan que las personas que esperan en el andén se acaben mojando
durante una jornada de lluvia.
Otra
de las cuestiones a clarificar es cuando se van a arreglar las
deficiencias en las bajantes del edificio, así como el momento en que
los usuarios de la estación van a poder contar con los horarios de los
trenes que circulan por esta zona en un tablero informativo en
condiciones.
La última pregunta que Sabariz ha dirigido al ADIF en esta ocasión es cuando van a poder contar los usuarios con el nuevo mobiliario urbano. En estos momentos, los pasajeros de la estación cesureña tan solo cuentan con tres asientos, que son claramente insuficientes para el movimiento que se genera en estas instalaciones. Sabariz finaliza el escrito pidiendo al ADIF que “no nos dejen desamparados a los usuarios del tren en Pontecesures”. Insiste en que “los viajeros que recurrimos al tren en los pueblos pequeños también merecemos ser atendidos”. La lucha que Pontecesures mantiene con ADIF y RENFE por el estado de la estación se remonta a hace ya mucho tiempo, ya que las instalaciones, desde que se abrieron las vías del Tren de Alta Velocidad, no se cuidan todo lo que debiesen para la gran cantidad de personas que recurren a este servicio.
Nunca olvidaré la noche que cené con Manolo Escobar en la discoteca Chanteclair de Pontecesures.
Yo había descubierto un par de años antes la macrosala cesureña y había
quedado fascinado por aquel mundo castizo de las tardes de domingo,
cuando decenas de autobuses llegaban hasta la desembocadura del Ulla
desde las aldeas más remotas y dejaban expediciones de jóvenes y
adolescentes ansiosos por convertir el final de la semana en una fiesta
de música, baile y mucho amor.
Chanteclair era una fuente segura
de reportajes y por allí me acercaba cada vez que la ocasión lo
requería. Recuerdo haber entrevistado a Miss Cacaolat (entonces existían
esas cosas), una rapaza muy graciosa que me contaba que sus amigas,
cuando un muchacho les pedía bailar, le preguntaban, antes de dar el sí,
por una cuestión fundamental: «¿Cántas vacas tes?».
En otra ocasión, entrevisté a los dueños, que
siempre iban vestidos como mariachis, pero sin sombrero. En mi mundo
ideal de profesor de Literatura, pensaba que lo de bautizar con el
nombre de Chanteclair una discoteca tenía un origen culto y medieval,
que provenía, en fin, del gallo Chanteclair de los Cuentos de Canterbury
de Sir Geoffrey Chaucer. Pero los propietarios del local me devolvieron
a la realidad dura y primaria del universo macrodiscotequero. «¡Qué
galo ni qué galiña!, el nombre viene de un puticlub del Líbano que
conocimos cuando navegábamos en mercantes».
Asiduo de Chanteclair era Pepe Garalba, el rey de
los concursos de misses, y cada mes había un concierto de categoría.
Uno de ellos, el más grande, lo protagonizó Manolo Escobar, que cantó en
la discoteca una noche de domingo y vino desde Lavacolla sin tiempo
para cenar. Habíamos concertado una entrevista con él y nos reunimos en
una especie de subterráneo que había bajo el escenario, donde los
empresarios de aquel palacio de la felicidad imposible, la del domingo
por la tarde, tenían su ambigú privado con un cátering inexplicable:
bocadillos de mortadela y quintos de Estrella Galicia.
No sé qué me descolocó más, si la mortadela o los quintos, pues bien
sabido es que Galicia es el único lugar de España donde pides una
cerveza y te ponen un tercio, no un quinto. Pero todo funcionó como la
seda: tras culminar su actuación cantando a su carro robado, Manolo
Escobar comió hambriento su bocata mortadela y me atendió cariñoso
mientras un servidor, que ya había cenado, porque a Chanteclair había
que ir cenado, hacía la entrevista y mordisqueaba el fiambre para no
hacerles un feo a los jefes de aquel emporio de inspiración libanesa.
Un tesoro para las crónicas
Las
discotecas rurales gallegas eran un tesoro de crónicas periodísticas.
Recuerdo otra noche memorable con ribetes de novela negra y protagonista
más propio de Berlanga que de Raymond Chandler. Resultó que me habían
dado el soplo de que por Caldas de Reis funcionaba un laboratorio de
pastillas de speed. Investigué el caso y descubrí que el material se
repartía en una discoteca de A Escravitude, situada en medio del campo,
junto a la estación de ferrocarril, los sábados por la noche.
Quise confirmar los datos antes de escribir y llamé al cuartel de la Guardia Civil,
donde se extrañaron mucho pues no conocían nada del caso. Pero me
hicieron una propuesta que no pude rechazar. Los guardias prepararían un
operativo para la noche del siguiente sábado y yo iría por allí y
podría asistir en exclusiva a la acción y contarla en La Voz de Galicia.
Consulté con la autoridad periodísticas y acepté el trueque. El
problema es que yo no tenía ni idea de cómo se debía vestir un
pastillero y no se me ocurrió otra cosa que disfrazarme con una
gabardina verde y aparecer de esa guisa en la discoteca de A
Escravitude. Así que allí estaba a la una de la madrugada del sábado al
domingo, paseando por la sala con la gabardina puesta, ya que no había
guardarropa, observando para contarlo y constatando que allí no pasaba
nada salvo que de los grifos de los baños no manaba agua con el fin de
que la clientela se gastara una pasta en caros botellines de agua
minetal, pues todo el mundo sabe que las pastillas alucinógenas dan
mucha sed.
A mí, aquella experiencia lo que me estaba dando
era mucho sueño. Me mantenía despierto a base de cocacolas, que eran más
baratas que el agua, y reparaba en que aquel friki con gabardina, o
sea, yo, provocaba curiosidad y comentarios en los grupos de jóvenes que
había en la discoteca. El caso es que me harté de dar vueltas y a las
tres, volví a casa. A la mañana siguiente, llamé a la Guardia Civil para
manifestarles mi extrañeza por no haber asistido a ningún operativo.
También para pedirles disculpas por haberles informado de manera
equivocada.
Al otro lado del teléfono, un sargento me aclaró
lo sucedido: «Sí que hubo operativo, pero no pudimos llevarlo a cabo
hasta que usted se marchó. Vestido con gabardina y paseando por la
discoteca, todo el mundo pensó que era usted policía y no sacaron las
bolsas de pastillas hasta que no desapareció».
Cómo echo de menos
aquellas macrodiscotecas rurales donde convivían Miss Cacaolat, Manolo
Escobar, los pastilleros y la Guardia Civil mientras un servidor lo
observaba todo comiendo bocadillos de mortadela.
«¡Qué galo ni qué galiña!, lo de Chanteclair viene de un club del Líbano»
La Guardia Civil haría un operativo en la disco de A Escravitude y yo podría contarlo.